FONDO

 

Encuentro una divina semejanza

reflejada en la imagen de este hombre

que se sienta en su fondo y que descansa

llamando a cada cosa por su nombre.

 

La paz de estar en casa lo rodea

con un ritual menudo de costumbres.

Bajo el parral del fondo se le orean

pensamientos, begonias y legumbres.

 

Matea en la tardecita, solitario.

Mira su Gan-Edén y se recrea.

Repasa, como cuentas de un rosario,

del rabo del cachorro hasta el canario.

Y “amén-amén” el grillo le corea.

 

Horacio Bojorge