BIBLIA - CONFERENCIAS - DATOS DEL AUTOR - ESPIRITUALIDAD - ESPIRITUALIDAD IGNACIANA - FE Y POLÍTICA - LAICOS - MARÍAPARÁBOLAS Y FÁBULAS - POESÍA - RELIGIOSOS - TEOLOGÍA

 

 

 

 

ASPECTOS BIBLICOS DE LA TEOLOGÍA DEL LAICADO

EL FIEL LAICO EN EL HORIZONTE DE SU PERTENENCIA

HORACIO BOJORGE S.J.

Indice

Introducción

Tesis Principales

1. El ser del fiel laico

2. El llamado a la santidad

3. El ser en la iglesia.Koinonía. Misión

4. En el mundo y no del mundo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

=============================================================

3.- LA PERTENENCIA ECLESIAL.

CONTENIDO

1. BALANCE Y PERSPECTIVA

2. EL SER LAICO EN LA ECLESIOLOGÍA DE COMUNIÓN

3. LA ECLESIOLOGÍA DE COMUNIÓN EN EL NUEVO TESTAMENTO

3.1 Koinonía con el Padre --- 3.2 Koinonía con el Hijo

3.3 Koinonía del Hijo con nosotros --- 3.4 Koinonía con el Espíritu Santo

3.5 Koinonía con Dios: Participantes de la naturaleza divina

3.6 Koinonía con el Apóstol

3.7 Koinonía, como colecta en beneficio de los necesitados

3.8 La posesión común de todas las cosas

3.9 La koinonía en sentido complexivo: Hechos 2,42

4. CONSIDERACIÓN DINÁMICA DE LA KOINONÍA-PERTENENCIA

4.1 La expansión del nosotros

5. PERTENENCIA INCOMPATIBLE Y EXCLUYENTE

6. APARTARSE DE LA KOINONÍA: APOSTASÍA

7. EL SENTIDO DE PERTENENCIA Y EL ESPÍRITU MISIONERO

NOTAS

 

=============================================

 

1. BALANCE Y PERSPECTIVA.

Lo que hemos tratado con cierta profusión en los dos puntos anteriores contiene en germen y adelanta ya la materia que queda por tratar en este punto y en el siguiente: el ser en Iglesia y la participación en la misión eclesial al mundo.

Al tratar del ser del fiel cristiano propusimos el nombre de Hijo (de Dios) como el que mejor expresa su ser y en todo caso como el nombre que el creyente se da implícitamente a sí mismo cuando en la oración del Padrenuestro invoca a Dios como Padre.

Como consecuencia de ese ser-en-relación con Dios que se define en términos de vinculación filial, nos asomamos, en el segundo punto a la santidad del cristiano, como don y como vocación. El Padre es no sólo el modelo según el cual los creyentes deben ser perfectos y misericordiosos, sino que su condición de hijos es el motivo por el cual han de ser santos porque y como su Padre celestial lo es. Pero además, la posibilidad misma de ser santos de este modo, no existiría si no fueran ya hijos, es decir si no estuviera de por medio la nueva generación, la re-generación. Pueden ser santos porque han sido hechos hijos. En la participación del Espíritu de vida y santidad, está la fuerza para una vida santa.

Implícitos en estos dos puntos están ya los que nos quedan por tratar: a) el ser en Iglesia y b) la misión al mundo.

El ser en Iglesia es, desde el punto de vista de la koinonía, la pertenencia a un nosotros. Es lo que la conciencia creyente implicita invocando al Padre como Padre nuestro, interpelándolo, desde su solidaridad colectiva, con el Hijo y todos los creyentes. Tratar del ser en Iglesia es por lo tanto prolongar el estudio del sistema pertenencial divino-humano, trinitario-eclesial. Es mostrar la koinonía como comunicación y participación de los hombres en el nosotros divino. El ser en Iglesia es, a nivel de conciencia y actitudes, el existir vinculado, el vivir perteneciendo, aprojimado: al Padre por la relación filial; al Hijo por la participación en su filiación, en su actitud obediente y por la comunión en su sangre; al Espíritu por su inhabitación santificadora, que nos hace domésticos de Dios y templos donde vive.

El ser enviado al mundo es participación en la misión del Hijo hecha posible por la donación y participación del Espíritu Santo.

No habría mucho más que agregar para mostrar cómo se articulan lógicamente entre sí estos cuatro aspectos, a través de los cuales pretendemos penetrar en la razón del ser del todo de la existencia creyente. (1)

Al tratar los puntos restantes trataremos de insistir en el enfoque pertenencial. Nos acercaremos al ser en Iglesia desde la koinonía. Y a la misión al mundo desde el estar plenamente en el mundo pero sin pertenecerle: vivir en él sin pernoctar en él, como se nos dice en términos neotestamentarios.

2. EL SER LAICO EN LA ECLESIOLOGÍA DE COMUNIÓN.

El último Sínodo sobre los laicos ha puesto el acento sobre la eclesiología de comunión como el contexto necesario para situar el papel del laicado en la Iglesia y en su misión al mundo. (2)

El fiel laico no se distingue por ningún "plus" o "diferencia específica" que lo aparte del común ser eclesial. Lo caracteriza precisamente lo común. Son más bien los que dentro de la Iglesia están a su servicio, los que pueden reconocerse por una diferencia específica respecto del común ser cristianos: los ministros sagrados o los carismáticos consagrados (3).

"Lo que lo distingue no es un plus de dignidad, sino una especial y complementaria habilitación al servicio".

"El Sínodo se ha dedicado a profundizar en la figura del laico, destacando su extraordinaria importancia y actualidad en el mundo moderno. Punto de partida han sido las enseñanzas del Concilio sobre la Iglesia en su realidad de "misterio", de "comunión" y de "misión"..."En el contexto de la ‘Iglesia-comunión’ el fiel laico es ‘miembro’ del pueblo de la Alianza, que está llamdo a vivir en unión con Dios por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo. Y esto, en comunión con todos los bautizados. Por consiguiente, él no puede nunca cerrarse en sí mismo, aislándose espiritualmente de la comunidad, sino que debe vivir en un continuo intercambio con los otros, con un vivo sentido de fraternidad, con la alegría de una idéntica dignidad y con el compromiso de hacer fructificar juntos el gran tesoro recibido en herencia. El Espíritu del Señor le dona a él, como a los demás, múltiples carismas, lo invita a diferentes ministerios y encargos, le recuerda, como tamibén les recuerda a los demás relacionados con él, que todo lo que le distingue no es un plus en dignidad, sino una especial y complementaria habilitación al servicio...de esta manera los carismas, los ministerios, las tareas y los servicios del fiel laico existen en la comunión y para la comunión. Son riquezas complementarias en favor de todos, bajo la sabia guía de los pastores". (4)

El fiel tiene pues múltiples carismas y ministerios eclesiales. (5)

"A la luz de la reflexión sinodal, se puede decir que en muchos campos del compromiso pastoral los sacerdotes solos no podrán realizar todas sus tareas sin la participación de los laicos, sin la colaboración de estos a escala parroquial y diocesana...¡Qué numerosas son estas tareas pastorales, comenzando por la catequesis de niños, jóvenes y adultos, hasta la pastoral de la familia y de los diferentes grupos profesionales y ambientales!". (6)

El enfoque pertenencial diluye las aporías y oposiciones entre los diversos roles, funciones o carismas, porque devuelve las partes, con toda la riqueza de su diversidad, a la perspectiva del todo. Como dentro de la familia no hay oposición sino diversidad de relaciones, así también en la comunión eclesial.

3. LA ECLESIOLOGÍA DE COMUNIÓN EN EL NUEVO TESTAMENTO

La eclesiología de comunión en el Nuevo Testamento tiene en el grupo de palabras "koinoo-koinonía" una expresión privilegiada y que permite comprender la complejidad de la comunión eclesial. Se ha dicho que koinonía expresa la quintaesencia de la comunidad de la Nueva Alianza, o sea del nuevo pueblo de Dios que es la Iglesia, y que el término expresa el propio y verdadero sentido de la vida cristiana. Es un término bíblico central para una teología de la vida cristiana. (7)

Koinonía expresa la membrecía (fellowship) característica del pueblo de la Nueva Alianza (8), y califica apropiadamente el modo propio que tiene la pertenencia y la participación, en el sistema de los vínculos que unen a Dios y a los hombres en la Iglesia.

El término expresa por igual los vínculos que unen a los fieles con Jesucristo, con el Espíritu Santo, con el Padre entre sí. Koinonía se usa pues indiferentemente en el Nuevo Testamento para lo que, fuera de él, se ha distinguido como dimensión vertical y dimensión horizontal. Podría preguntarse si el distingo no es sólo ajeno al contenido del término, sino también contrario a él. Y si no es también ajeno y contrario al mensaje del Nuevo Testamento. Precisamente la insistencia neotestamentaria recae en mostrar que se ha abolido la distancia y la separación entre Dios y los hombres, particularmente los creyentes. Y es a partir de la abolición de esa distancia y del establecimiento de vínculos de cercanía entre Dios y los creyentes, que el Nuevo Testamento postula abolir las separaciones entre los hombres y "derribar los muros del odio" (Ef. 2,14).

Koinonía con el Padre

"Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos para que también vosotros tengáis koinonía con nosotros, pues nuestra koinonía es con el Padre y con su hijo Jesucristo" (1 Jn. 1,3). Unico texto del Nuevo Testamento que aplica explícitamente el término koinonía a la vinculación con el Padre. Es aceptando el testimonio apostólico como los hombres pueden entrar en comunión con Aquellos a los cuales conoce el Apóstol. En la 2ª Juan 11, se disuadirá a los cristianos de acoger a quienes sean portadores de otra doctrina para que no se hagan sus partícipes: "el que habla con ellos participa (koinonei) de sus obras malas". El ágape es el amor que une a los que están en relación de koinonía, por eso se prohíbe tener koinonía con el mundo cuando se dice: "no améis al mundo" (me agapate ton komson); "si alguien ama(agapá) al mundo no está el amor del Padre en él (agapé tou patros)" (1 Jn. 2,15). Se trata aquí de dos pertenencias (koinonía) y dos amores incompatibles. O el uno o el otro. Como los dos Señores a los que es imposible servir (Mt. 6,24).

3.2 Koinonía con el Hijo.

"Fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la koinonía con su Hijo, Señor nuestro" (1 Cor. 1,9). Esta pertenencia a Jesucristo excluye la pertenencia que implica el culto a los ídolos: "huid de la idolatría...el cáliz que bendecimos ¿no es koinonía con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es koinonía con el cuerpo de Cristo?" (1 Cor. 10, 15-17). Por otro lado la pertenencia a Jesucristo se expresa y se ahonda en la eucaristía, la cual debe expresar la verdad existencial que excluye, como incompatible, otra pertenencia.

Pablo quiere "conocerle a él, el poder de su resurrección y la koinonía en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en la muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos" (Flp. 3, 10-11).

Pablo ha acuñado para esta pertenencia la fórmula en Cristo. La adhesión al Hijo por la fe y la caridad, hace a sus fieles hijos en el Hijo.

3.3 Koinonía del Hijo con nosotros

Así como los hombres son partícipes de Dios y le pertenecen, también hay una relación de pertenencia y participación recíproca. Por ejemplo: "Tanto el santificador como los santificados tienen el mismo origen todos ellos. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos, cuando dice: "Anunciaré tu Nombre a mis hermanos; en medio de la asamblea cantaré himnos". Y también, "pondré en él mi confianza". Y nuevamente: "Henos aquí, a mí y a los hijos que Dios me dio". Por tanto así como los hijos participan (kekoinoneken) de la carne y de la sangre, así también participó (metesjen) él de las mismas, para aniquilar meidante la muerte al Señor de la muerte" (Heb. 2, 11-14). El "tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos para ser misericordioso" (Heb. 2,17).

Jesús se ha hecho participante de la naturaleza humana para poder llevar a los hombres a Dios, para unirlos a Dios, santificarlos. Esa es la acción que lo hace sumo sacerdote, que acerca a los hombres a Dios (cfr. Heb. 12, 22-24).

3.4 Koinonía con el Espíritu Santo

"La gracia del Señor Jesucristo, el amor (ágape) de Dios y la koinonía del Espíritu Santo con todos vosotros" (2 Cor. 13,13). "Por lo tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si hay algún consuelo de la caridad, si hay alguna koinonía del Espíritu" (Flp. 2,1).

El don del Espíritu Santo, en Jn. 20,22; la promesa del mismo en Hech. 1,5.8 y la efusión de Pentecostés (Hech. 2,4) muestran que los apóstoles participan del Espíritu. Pero no sólo ellos, sino todos los bautizados y los que creen (cfr. Hech. 2, 38; 10, 47; 11, 15-17).

3.5 Koinonía con Dios: Participantes de la naturaleza divina.

"Nos han sido concedidas las preciosas y sublimes promesas, para que por medio de ellas, os hicierais partícipes (koinonoi) de la naturaleza divina" (2 Ped. 1,4).

3.6 Koinonía con el Apóstol.

Los fieles que reciben el testimonio de la predicación apostólica con fe, tienen koinonía con el Apóstol (1 Jn. 1,3; Flm. 17).

Los que participan en el evangelio, en la fe, en los trabajos y padecimientos apostólicos, comparten la misión evangelizadora y apostólica, son koinonoi, compañeros, socios, aparceros suyos y tienen koinonía con él.

"Sabemos que como sois solidarios (koinonoi) con nosotros en los padecimientos, así lo seréis también en la consolación" (2 Cor. 1,7); "Tito es compañero (koinonos) y colaborador mío para vosotros" (2 Cor. 8, 23); te recuerdo en mis oraciones, pues tengo noticia de tu caridad y de tu fe para con el Señor Jesús y para bien de todos los santos a fin de que tu koinonía en la fe se haga eficiente mediante el conocimiento de todo el bien que hay en nosotros en orden a Cristo" (Flm. 6); "Por tanto, si me tienes a mí como koinonon, recíbelo (a Filemón) como a mí mismo" (Flm. 17); "Traed a la memoria los días pasados, en que después de ser iluminados, hubisteis de soportar un duro y doloroso combate, unas veces expuestos públicamente a ultrajes y tribulaciones, otras, haciéndoos solidarios (koinonoi) de los que así eran tratados" (Heb. 10,33); "Doy gracias a Dios cada vez que me acuerdo de vosotros, rogando siempre y en todas mis oraciones con alegría por todos vosotros, a causa de la koinonía vuestra al evangelio" (Flp. 1,5).

3.7 Koinonía, como colecta en beneficio de los necesitados.

La manifestación exterior de la solidaridad y vinculación de los corazones, es la comunicación de los bienes materiales (Hech. 4, 34-35). La colecta que organiza Pablo en bien de los "santos" de Jerusalén, recibe el nombre de koinonía en Rom. 15,26; 2 Cor. 8, 4; 9,13. En Rom. 12, 13 s exhorta a compartir (koinonountes) las necesidades de los santos.

3.8 La posesión común de todas las cosas.

El Padre ha dado al Hijo todas las cosas y por lo tanto los fieles son coherederos y poseedores de todas las cosas. De allí brota también la voluntad de compartir incluso los bienes materiales.

"Todo es vuestro...Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la muerte, la vida, el presente, el futuro, todo es vuestro, y vosotros de Cristo y Cristo de Dios" (1 Cor. 3, 21-23).

Los discípulos son de Jesús, porque el Padre se los dio (Jn. 17,6). "Ora vivamos, ora muramos, somos del Señor" (Rom. 14,8).

Jesús es de los discípulos: su Señor, su maestro, su hermano, su salvador, su paz, su justicia, su salvación...

Pero lo que Jesús ha dado a sus discípulos como máximo don y posesión es el Padre, al cual pueden invocar: Padre nuestro. Y el don del Padre: el Espíritu Santo. La donación de las personas, donación libre y personal de sí mismas en el amor, eso es la koinonía y la santidad, en sus raíces.

El máximo de comunicación y coparticipación, lo expresa la comunión con el Padre; el poder tener, con Jesús, a su Padre, como Padre nuestro. En este pronombre posesivo confluyen y se unifican Jesucristo y los suyos, para constituir el ‘nosotros’, pertenencia del Padre y a quien el Padre pertenece por el amor. En el Padre NUESTRO se confunden y coinciden la conciencia de Cristo y la eclesial. Ese ‘nuestro’ pertenece tanto a la cristología como a la eclesiología. Y tanto a la eclesiología del misterio como a la eclesiología de comunión.

3.9 La koinonía en sentido complexivo: Hechos 2,42

Todos los sentidos antedichos está presentes en el sumario de los Hechos 2, 41-47, donde la koinonía equivale a la pertenencia cristiana en su generalidad: "perseveraban en la koinonía (Hech. 2,42). Pero a raíz de este pasaje, hemos de pasar de la consideración de los aspectos diversos de la koinonía a una consideración dinámica: cómo surge y se suscita la koinonía; el sentido interior de pertenencia y la perseverancia exterior en la pertenencia eclesial. Koinonía define en efecto la existencia cristiana en su comienzo y en su duración.

4. CONSIDERACIÓN DINÁMICA DE LA KOINONÍA-PERTENENCIA

El sumario de Hechos 2, 42-47 (y también Hech. 4, 32-35; 5, 12-16) no han de ser interpretados como cuadros o descripciones puramente estáticas de la vida de los primeros cristianos. Ellos reproducen pasos, fases o momentos del "fieri" de la comunidad eclesial. (9) Son una reflexión teológica que esquematiza una cierta ley de concomitancia en el proceso de génesis eclesial que pauta también su duración y conservación.

Hay en los sumarios de los Hechos la estilización de ciertos pasos históricos de la eclesiogénesis y de la consolidación de la Iglesia. Los fieles permanecen constantes (proskarterountes) en lo que fue desde el principio el proceso de su incorporación a la comunión con los apóstoles, entre sí, con Cristo y con el Padre. Son los pasos y aspectos de la vida en comunión o koinonía. La vida de la Iglesia es la permanencia en lo que fue su origen: prosetethesan-proskarterountes, fueron agregados y ellos perseveraban. La vida cristiana alcanza su télos siendo fiel a su arjé. Abogamos por una interpretación dinámico-histórica y no pictórico-estática de los sumarios. En ese sentido, la relectura de J. Jeremías en clave litúrgica, aunque desechable, se aproxima en algo a la verdad, pues la liturgia recoge también en su estructura, ritualizados, los pasos ejemplares de la comunión. (10)

En los sumarios es posible señalar los distintos aspectos de la koinonía que hemos enumerado; desde las distintas vinculaciones entre personas hasta la comunión de bienes.

Desde las formas interiores y más espirituales de vinculación, hasta las más exteriores y materiales. En los sumarios se refleja la vida eclesial cristiana como koinonía en acción y queda insinuada también algo de la lógica interior de sus concatenaciones.

Todo tiene su origen en la predicación de los apóstoles en Pentecostés. El proceso existencial por el cual el hombre llega a la koinonía con Dios empieza allí: por escuchar la predicación apostólica y recibirla con fe (Hech. 2, 37). El mismo Espíritu Santo mueve a predicar al Apóstol y a creer al auditorio. "Los que acogieron su Palabra fueron bautizados, fueron agregadas aquel día unas tres mil almas". Dios agrega a la Iglesia naciente a los que se han de salvar.

"Aquel día fueron agregadas unas tres mil almas" (Hech. 2, 41). El pasivo divino prosetéthesan = fueron agregadas, como es sabido tiene por sujeto de la acción a Dios: Fueron agregadas por Dios, Dios agregó. Se dice aquí de los que fueron bautizados. De modo que: "fueron bautizados = fueron agregados". El bautismo es la ceremonia de iniciación y agregación. Dios agrega o adhiere nuevos creyentes –se dice– bien sea a la Iglesia, bien sea al Señor: "El Señor agregaba cada día a la comunidad" (Hech. 2, 47); "los creyentes eran agregados al Señor" (Hech. 5, 14); "una considerable multitud fue agregada al Señor" (Hech. 11, 24).

La Iglesia nace de esta admirable sinergia de predicación apostólica y de la adhesión que Dios obra en los corazones de los oyentes (Hech. 2, 41). Sinergia que se sanciona mediante el bautismo. El bautismo marca por lo tanto, sacramentalmente, la entrada en koinonía, que Dios ha obrado conmoviendo el corazón para adherir a la enseñanza apostólica. Se ha iniciado así el camino por el cual, los hombres, entrando en la koinonía eclesial, se encaminan por la fracción del pan eucarístico a la comunión con Cristo y, por la oración, a la comunión con Dios. He aquí a grandes rasgos el itinerario existencial progresivo del fiel en su camino eclesial hacia Dios:

1) "Al oir esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué hemos de hacer hermanos?" (Hech. 2, 37).

2) "Pedro les contesto: Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hech. 2, 38).

3) "Los que acogieron su palabra fueron bautizados y fueron agregados aquel día unas tres mil almas" (Hech. 2, 41).

Hasta aquí se describe el pasaje de una pertenencia a otra por la conversión. Es lo que podría llamarse el arjé de la vida cristiana. Una vez agregados a la koinonía-pertenencia, comenzará la existencia fiel: perseverante.

Los dos primeros puntos del sumario retomarán los pasos de ese arjé en términos de perseverancia: a) en escuchar la enseñanza de los apóstoles y b) en permanecer en la koinonía bautismal. La vida cristiana consiste en gran medida en permanecer fieles a ese arjé, que introduce a la pertenencia eclesial apostólica e introduce a la participación del Don del Espíritu. Al entrar en la koinonía con los apóstoles aceptando su testimonio, se ha iniciado el camino existencial de la koinonía, ese camino ha de continuar con perseverancia, en la vida de comunión eclesial.

Los dos puntos restantes del sumario (v. 42b) marcan el progreso en la koinonía con el Hijo, en la fracción del pan y con el Padre en las oraciones. La oración, el trato con Dios, marca la cumbre de la koinonía cultual. La comunión con Dios, nos muestran los sumarios, es inseparable de la comunión eclesial. Esta doctrina común en el Nuevo Testamento.

La intención de Lucas al trasmitir los sumarios no es puramente pictórica sino, como en le resto de su narración, teológica. Los sumarios recapitulan las etapas del proceso histórico de la koinonía que consolida y constituye al nuevo pueblo de la Nueva Alianza, el pueblo de Pentecostés que es el pueblo del Cenáculo, lugar de comunión con el Hijo y de participación en el don del Espíritu Santo, lugar de oración perseverante en común, que se abre, por la predicación de Pedro, hacia todos los pueblos, lenguas y naciones, con una llamada universal a la comunión.

Por sinergia divina, la Iglesia nace de la predicación. No hay eclesiogénesis sin predicación del evangelización. El anuncio del kerygma que nace de la oración y del Espíritu es la ocasión en que el Padre engendra nuevos hijos a la fe.

En esta visión no hay lugar para que se gloríe el ministro, quien no puede recomendarse a sí mismo, sino ser recomendado por Dios, único que da el crecimiento.

Por otro lado, en esta visón teológica, tampoco queda lugar para el paternalismo posesivo de los ministros sobre los fieles.

4.1 La expansión del nosotros.

La consideración histórica y dinámica de la koinonía como un proceso, nos permite presentar la eclesiogénesis como la expansión de un nosotros (11)

El nosotros inicial, divino, se revela en aquellos textos del Nuebo Testamento que contienen comunicaciones entre el Padre y el Hijo como yo-tú o este-y-yo. El primer nosotros (protonosotros) es el trinitario: Padre e Hijo que dan el Espíritu.

Por la incorporación de discípulos que ele Padre da al Hijo, el primer nosotros se amplía a las dimensiones de nosotros eclesial, el nosotros divino-apostólico (deuteronosotros).

Por la incorporación de nuevas almas, se acrecienta después de Pentecostés hasta nuestros días, el nosotros eclesial divino-humano (tritonosotros), postpascual.

Siempre es Dios el que agrega nuevos hombres al nosotros. Los introduce a la koinonía con él. Pero es entrando en comunión con el nosotros total –y solamente así- como es históricamente posible entrar en comunión con el Dios real, no imaginado. Nadie puede entrar en comunión con el protonosotros saltéandose alguna instancia del nosotros o menospreciando a alguno de sus integrantes, pues quien agravia al miembro o la parte del nosotros solidario, agravia al nosotros en su conjunto: quien no ama a un miembro no ama al todo. Esta es la lógica inscrita –por ejemplo- en el pensamiento de la primera carta de Juan.

Es sobre el trasfondo de la koinonía como nosotros donde cobran pleno relieve las enseñanzas sobre la incompatibilidad con otras pertenencias y sobre la apostasía como abandono del nosotros pertenencial.

5. PERTENENCIA INCOMPATIBLE Y EXCLUYENTE.

Aquí radica la esencia del punto cuarto: "En el mundo pero no del mundo".

Pablo dirá: "No os ayuntéis bajo el mismo yugo con los infieles, (12) ¿qué tienen de común (metojé) la justicia y la iniquidad? ¿O qué koinonía la luz con las tinieblas? ¿Qué armonía (sumfonesis) entre Cristo y Belial? ¿Qué participación (merís) el creyente en el incrédulo? ¿Qué conformidad (sunkatáthesis) entre el santuario de Dios y el de los ídolos?" (2 Cor. 6, 14-16). "Si lo que inmolan los gentiles lo inmolan a los demonios y no a Dios; yo no quiero que entréis en comunión (ou thelo umas koinonous) con los demonios. No podéis beber el cáliz del Señor y beber el cáliz de los demonios, no podéis participar (metejein) en la mesa del Señor y en la mesa de los demonios" (1 Cor. 10, 20-21).

Pretender participar de dos pertenencias incompatibles equivale a "provocar los celos del Señor" (1 Cor. 10,22).

La primera carta de Juan ofrece otro ejemplo de esta incompatibilidad: "No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él" (1 Jn. 2, 15). También de los falsos hermanos hay que guardarse (2 Jn. 10-11; cfr. Gál. 2, 4; 2 Cor. 11, 26). No tener comunión con pecadores, no significa no tratarlos, pues de ser así "tendríais que salir del mundo" (ek tou kosmou exelthein) (1 Cor. 5, 10). Sin embargo el cristiano que debe vivir relacionándose (sunanamígnusthai) con los impuros (pornois) no debe relacionarse con quien llamándose hermano (adelfós onomazómenos), es decir pretendiendo pertenencia a la koinonía eclesial, se comporta como si no lo fuera y, de hecho, su conducta lo hace perteneciente al cosmos.

La conducta exterior, la forma de vida, pertenece pues a la integridad de la pertenencia en koinonía. El pertenecer al nosotros divino-eclesial implica un modo de estar en el mundo sin pertenecerle. Y la ambigüedad pertenencial, infidelidad, es peor que la incredulidad, es una mentira ante Dios y la Iglesia, como la de Ananás y Safira (Hech. 5, 4.9)

6. APARTARSE DE LA KOINONÍA: APOSTASÍA.

Los anticristos a los que alude 1 Juan 2, 18 son miembros de la Iglesia que se han apartado de ella, pretendiendo sin embargo que están en comunión con Dios (1,6), que no tienen pecado (1,8. 10), que conocen a Jesucristo (2,4) y permanecen en él (2, 6), a pesar de haberse apartado de los hermanos (2, 11): "Salieron de entre nosotros pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros" (1 Jn. 2, 19). Se trata posiblemente de sectarios que se han apartado de la iglesia apostólica pretendiendo ser los auténticos cristianos. (13)

Desde temprano se plantea el peligro del enfriamiento de la fe y de la pertenencia, en cristianos que habían sido fervorosos y habían sufrido mucho por el evangelio y por solidaridad con los perseguidos. La carta a los Hebreos trata precisamente de sanar una apostasía incoada, larvada, en al creciente indiferencia que aparta de las asambleas (cfr. Heb. 10, 23-24. 26. 29. 32-36; 5, 11-12; 6, 4.12)

"Quizás lo que más nos acerca a Heb. Es la situación religioso-moral de sus destinatarios. Aún hoy pueden aplicarse a muchas comunidades cristianas las expresiones de Heb. respecto de los peligros de la segunda generación; para muchos el paso de los días en lugar de llevarles a una intensificación en su vida cristiana ha sido ocasión de una creciente y peligrosa indiferencia ante la fe. Los pocos datos que Heb. ofrece se repiten hoy con asombrosa exactitud; la ausencia de las reuniones, las desviaciones morales, la minoría de fe en cuestiones de fe, la falta de todo interés por la explicación del misterio de la salvación, la incapacidad de decisión personal y responsable en el ámbito de lo religioso moral; sigue siendo adecuada la expresión con que Heb. califica este espíritu: la negligencia (...). La negligencia ante la salvación y la fe, por la ingenua e intrascendente que parezca, es signo de una real incredulidad. Ante la fe cualquier actitud que no sea positiva y viva es destructora; partiendo de la indiferencia se inclinará progresivamente por valores no cristianos y terminará por "caer" y perderse. La diagnosis amable y comprensiva está equivocada; el problema radical es siempre un problema de fe y sólo cuando se plantea en estos términos puede dar pie a una acción pastoral adecuada y eficaz" (14)

El espíritu de indiferencia se expresa mediante la negación de comunión y vinculación. "La indiferencia es una forma de incredulidad, y si es la indiferencia a partir de la fe, es una nueva forma de apostasía (Heb. 6, 4-6; 10,26). Esta es la raíz ya insinuada en muchas actitudes pecaminosas que podrían parecer simples infidelidades morales (12, 15-16) o aun simples abstencionismos ante la Palabra (2, 1-4; 5, 11-14) o ante las reuniones de la comunidad (10, 25).(15) A partir de aquí Heb. desvela ante sus fieles el mysterium iniquitatis de quien apostata del único Salvador (6, 4-8; 10, 26; 12, 17). Sus palabras, que se encuentran entre las más claras y duras del Nuevo Testamento respecto a la desesperada situación del incrédulo y su terrible perspectiva de castigo (2, 1-4; 10, 26-31; 12, 25) están elaboradas a partir de la apostasía escondida de la segunda generación" (16)

Por otra parte es conveniente notar que en nuestra comunidades se da de hecho, la apostasía formal, no sólo la "salida silenciosa de la Iglesia". Muchos cristianos, y aun podría decirse estamentos sociales enteros, han abandonado positivamente la Iglesia y la fe, han renegado de los valores cristianos, no sólo en la práctica sino en sus categorías reflejas. No es éste el momento de buscar el sentido de este "ateísmo a partir de la Iglesia" y sus razones, tanto ambientales como personales, pero sin duda este hecho nos aleja de Heb. y crea en nuestras comunidades situaciones más tensas de problemas, dudas y objeciones que la que él encontró" (17)

Los que se apartan se ven reducidos a una condición peor que la primera y además difícilmente reversible: "Porque si después de haberse alejado de la impureza del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, se enredan nuevamente en ella y son vencidos, su postrera situación resulta peor que la primera. Pues más le hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia, que, una vez conocido, volverse atrás del santo precepto que les fue transmitido" (2 Ped. 2, 20-21).

El estar en la Iglesia sin pertenecer a ella, parece una situación con la que hay que contar como inherente a su misterio, a juzgar por las enseñanzas de Jesús acerca del trigo y la cizaña, la red que arrastra peces buenos y malos, los árboles que se conocerán al tiempo de dar fruto; y de las consiguientes cautelas para juzgar o separar antes de tiempo.

La no-pertenencia, disimulada bajo formas de pertenencia, es una de las formas de la mentira de Satanás. Así lo discierne Juan en su primera carta, al establecer el criterio de la pertenencia, en el amor a Dios y a los hermanos, como signo de que se está unido a Dios, se tiene la unción del Espíritu y se está en la verdad. La mentira no puede permanecer y tarde o temprano Dios hace que se manifieste.

La verdad del amor se manifiesta en la permanencia. La permanencia del amor exige la pertenencia a la integridad del nosotros. Apartar o apartarse de un miembro es apartarse de todos: apartarse del nosotros eclesial es apartarse del nosotros divino.

Por otra parte, no puede haber fe sin pertenencia. Debe existir armonía entre la instrucción religiosa como información y transmisión de contenidos, y la formación y el cultivo del sentido de pertenencia que brota del espíritu creyente.

En un debate parlamentario italiano acerca de la enseñanza religiosa, se ha agitado el argumento de la instrucción sin pertenencia, alegando que lo que se busca y lo que se ha de procurar a los italianos es sentido y no pertenencia. Véase la propuesta del senador G. Chiarante (PCI) que propende al conocimiento de hecho religioso como necesario para toda formación intelectual y propone, para los niveles superiores, la enseñanza, curricular y aconfesional, de historia de las religiones y poner la hora confesional fuera del horario o en las puntas del mismo. (18)

Pero sobre todo es explícita la intervención del representante Baget Bozzo: "El hombre de los años ’80 vive fuera de las adhesiones globales e identificantes con una tradición y una institución: es un hombre que experimenta como indisolubles su soledad y su libertad (¡). El es libre de dar sentido a su vida, pero también está solo en su búsqueda de sentido. Vuelve así la pregunta religiosa, no como exigencia global, no como búsqueda de una iglesia, sino como búsqueda de Dios. El hombre de los años ’80 experimenta la nada en sí y en torno a sí: es un místico que se ignora y que busca un lenguaje y una experiencia" (...). "Es importante para este tipo de exigencia, que ella se manifieste en una sede neutra como es la escuela. De hecho muchos de los que piden enseñanza religiosa en la escuela no irían jamás a buscarla en la iglesia". (19)

Tanto en la intervención de Bozzo como en la propuesta de Chiarante, se insiste en la enseñanza religiosa como en la trasmisión de una gnosis: contenidos, lenguaje religioso, las religiones como un hecho. La especificidad de la perspectiva eclesial se les escapa: la entrada en relación, la incorporación al nosotros. La objetivación de la "instrucción religiosa" como un lenguaje acerca de Dios, que no introduce a la comunicación con Dios, es una visión no religiosa de la religión, para la cual es posible hablar de Dios, pero no con El. Es una perspectiva que se plantea en términos de respeto con los creyentes y los derechos de todos, pero que, para gusto del creyente y para su sensibilidad, "deja a Dios afuera" e ignora sus derechos, pero también deja afuera al "nosotros". (20)

El laicismo italiano trata de reelaborar el hecho de que la aplastante mayoría de los italianos ha pedido enseñanza católica en las escuelas.

7. EL SENTIDO DE PERTENENCIA Y EL ESPÍRITU MISIONERO

No siempre los pastores tienen un juicio ecuánime ante fieles ignorantes, pero que exhiben un firme sentido de pertenencia. En este asunto, no se ha de olvidar la prioridad del ágape como el mejor de los caminos (1 Cor. 13). Y, claro está, el sentido de pertenencia conlleva el amor de instruirse en los misterios cristianos.

Ágape y koinonía, amor y sentido de pertenencia al nosotros divino-eclesial, son el resorte interior que impulsa y hace dóciles al envío misionero. Si desea fomentar la eficacia misionera hay que profundizar la unión y la koinonía.

El nosotros eclesial es una koinonía abierta y que llama a todos los hombres. A través de él, extiende su mano a todos los hombres el Dios que quiere que "todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim. 2,4).

Yo-estaré-con-vosotros, Emmanuel, es el nombre del Resucitado actuante en su Iglesia y convocando a través de ella a la comunión y a la santidad (Mt. 28, 18-20).

El Resucitado envía a sus discípulos acercándose (proselthón) a ellos (Mt. 28,18), y les asegura su cercanía y proximidad hasta el fin de los siglos. Los cristianos vivirán su vida en Iglesia, como los exhorta Pedro, introduciendo su enseñanza sobre la Iglesia como templo y pueblo de Dios, acercándose también (proserjoménoi) a él, piedra viva (1 Ped. 2,4; cfr. Heb. 12,18.22).

Esta cercanía normará su conducta, su existencia cristiana en los distintos ámbitos y relaciones de su vida temporal, de modo que estarán plenamente en el mundo, como enviados a él y como quien sabe dar razón de su esperanza , pero sin pertenecer al mundo ni a este tiempo, llevando una conducta sobria y velando en espera del juicio.

A un mundo donde los griegos piden sabiduría (sofía) y los judíos piden eficacia (dúnamis), los cristianos son enviados a ofrecer pertenencia: koinonía.

 

 

=======================================

NOTAS.

(1) En su discurso a la Comisión Bíblica del 14-III-1974, Pablo VI citaba estas palabras del P. M. J. Lagrange: "No se podría encontrar el sentido del cristianismo por medio de un mero amontonamiento de textos, si no se penetra hasta la razón de ser del todo. Es un organismo cuyo principio vital es único" P. M. J. Lagrange, en: Le Sens du Christianisme d’après l’exégèse allemande, París, 1918, p. 325. Los análisis que hacen perder de vista el todo pueden ofrecer su utilidad, pero han de complementarse con la visión sintética, la cual nunca se ha de perder de vista, sobre todo en cosas de fe.

(2) En la medida en que nos alejamos del Sínodo de octubre pasado (1987), más se comprueba su resultado positivo, no sólo por haber reafirmado la enseñanza de los grandes documentos del Vaticano II, sino también por haber puesto el acento en la eclesiología de comunión como contexto necesario para situar el papel del laicado en la Iglesia de cara a la salvación del mundo"; Juan Pablo II, Alocución a los Cardenales y Prelados de la Curia Romana el 22-XII-1987, L’Observatore Romano, 3-I-1988, p. 10.

(3) "Todos los cristianos, laicos, clérigos, religiosos, tienen una misma dignidad siendo un único pueblo reunido en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Lumen gentium, 4). Tal dignidad brota del bautismo, gracias al cual la persona es incorporada a Cristo y a la comunidad eclesial y llamada a una vida de santidad...". "Algunos fieles reciben el sacramento del orden...otros están llamados a dar testimonio de la radicalidad en el amor de Dios..."; Mensaje del Sínodo de los Obispos al pueblo de Dios, Sínodo sobre los laicos. Proposiciones finales, Ed. Paulinas, Buenos Aires, 1987, n. 3, p. 10.

(4) Juan Pablo II, Homilía en la Misa de Clausura del Sínodo sobre los laicos el 30-X-1987, Sínodo sobre los laicos. Proposiciones finales, Ed. Paulinas, Buenos Aires, 1987, pp. 42-43.

(5) "En la medida en que lo permitan vuestros recursos y deberes estáis llamados a apoyar y participar activamente en las actividades de la Iglesia"; Juan Pablo II, a los laicos de USA, San Francisco, 18-IX-1987, L’Observatore Romano, 1-XI-1987, p. 19, n.2.

(6) Juan Pablo II a los obispos de Gniezo, Varsovia y Poznan en Visita ad Limina el 19-I-1988, L’Observatore Romano, 24-I-1988, p. 9.

(7) "The biblical koinonia provides a new interpretation of Christian life which itselfs adds to the originality of the NT koinonia...The entire move of koinonia is towards the Son and in Him to the Father. But this vertical mover really produces a horizontal dimension. Christ is set as te focal referring pint of both the vertical and horizontal dimension of koinonia. Without his mediation no move in any direction is possible. Seen in this light koinonia expresses the real sense of Christian life. And as such could it not be interpreted as the quintessence of the new covenant community of the New Testament?"; George Panikulam, Koinonia in the New Testament A Dynamic Expression of Christian Life (Analecta Biblica, 85), Roma, 1979, p.142. El autor, de la Diócesis de Trichur, India, dice en el prólogo que ha elegido el tema porque proviene de una cultura donde la pertenencia (fellowship) es muy relevante: "Coming from a cultural background where the Church can have a real relevance in terms of fellowship, it was our cherished interest to study the concept of fellowship in the N.T", p.5.

(8) "It is here (Hech 2,42) that the author introduces the syntesis of life of the new community. As through the interior transformation of the law (Jer. 31, 33) and the permanence of the Spirit (Ez. 36, 27). Yahweh made Israel a new people, so also her we have through the working and permanence of the Spirit and through the persereverance in the context of God’s realised plan of salvation, a new community. A community which shapes itself into the needs and imperatives of this new plan of salvation realised in in Christ. It is the Spirit that forms and vitalises the community into this realisation, giving it a spiritual basis and an external realisation. Hence fellowship in our view is the synthesis of the life of this community of salvation"; Panikulam, o.c., p. 124.

(9) Es precisamente el discutible presupuesto hermenéutico de que los sumarios nos ofrecen "un excellent tableau d’ensemble sur la communauté primitive" el que conduce al P. Pierre Benoit a proponer la necesidad de retocar el texto: "pourvu qu’on en retire une notation disparate qui vient bouleverser la suite normale (!?) du texte. Il faudrait vien considérer comme interpolations: 2, 43-45; 4, 33; 5, 12b-14"; Pierre Benoit, Remarque sur les "sommaires" des Actes 2, 42-47 à 5, en: Aux Sources de la Tradition Chrétiene. Mélanges M. Maurice Goguel, Neuchâtel-Paris, 1940. Sobre sus huellas Jacques Dupont en Etudes sur les Actes des Apôtres, París, 1967, pp. 40, 503-519. La idea del cuadro la comparten otros comentarios: Rinaldo Fabris: "Tratti caratteristici e ideali della communità cristiana...i tre piccoli quadri panoramici..." (Roma, 1977), p. 113; Jürgen Roloff: "Algunos rasgos concretos que van configurando una imagen coherente de lo que era la Iglesia de Jerusalén" (Madrid, 1984), p. 98, Josef Kürzinger: "Un sintético informe...descripción de la Iglesia primitiva" (Barcelona, 1974), p. 78.

(10) J. Jeremías, The Eucharistic Words of Jesus, London, 1966, p. 120.

(11) Nos hemos aproximado al tema de la koinonía, en términos de conciencia del nosotros y de su expansión, en: Koinonía-Comunicaciones en el Nuevo Testamento, en: La Iglesia Chica (Cuadernos del Itu, 2), Montevideo, 1975, pp. 7-23. Lo sustancial de estas tesis relacionadas con el tema del liderazgo eclesial en: Koinonía-Comunicación en el Nuevo Testamento como contexto de la Comunidad y el Liderazgo, en: Revista Bíblica, 37 (1975), pp. 33-47.

(12) Heterozugéo, el Lev. 19, 19 se prohibe ayuntar bajo el mismo yugo animales de distinta especie (cfr. Deut. 22,10), de ahí la metáfora que sugiere aquí Pablo, para advertir contra un retorno a las costumbres paganas.

(13) Véanse los fundamentos de esta interpretación en John Painter, The "Opponnents" in I John, New Test. Stud., 32 (1986), pp. 48-71.

(14) G. Mora, o.c., p. 245.

(15) Sobre el diagnóstico evangélico y espiritual acerca del estado de indiferencia hemos tratado en El Indiferente ¿Es indiferente? La indiferencia como estado espiritual a la luz de Marcos 1, 21-28, Montevideo-Tacuarembó, 1984.

(16) G. Mora, o.c., pp. 235-236.

 

(17) G. Mora, o.c., p. 244.

(18) Il Regno-Attualitá, 33 (1988), n. 587, pp. 53-54.

(19) Baget Bozzo, texto de la intervención parlamentaria en Il Regno-Attualitá, 33 (1988), n. 591, p.168.

(20) La experiencia italiana es aleccionadora. Véase una reacción católica a la problemática, en el Simposio de la Conf. Episcopal Italiana sobre la enseñanza de la religión en las escuelas, en: Il Regno-Attualitá, 33 (1988), 589, pp. 69-71.