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GOEL: EL DIOS PARIENTE EN LA CULTURA BÍBLICA

Horacio Bojorge S.J. (hbojorge@adinet.com.uy)

1- PRIMERA PARTE

EXORDIO METÓDICO

Antes de acometer la exposición del tema propiamente dicha, me parece conveniente detenerme a reflexionar sobre el enfoque y el objeto de este estudio, y a plantear algunas preguntas acerca del método.

Nuestro enfoque quiere ser cultural. En la cultura bíblica, como es sabido, lo religioso no es un factor accesorio, o un factor entre otros, sino el elemento constituyente, que le da su forma propia. La Gestalt de la Cultura bíblica es ineludiblemente religiosa, teológica. En esta cultura lo religioso es rasgo configurante.

El tema del goelato nos permite acceder al corazón de la cultura bíblica, desde varios ángulos: lingüístico, literario, histórico, antropológico, teológico.

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CONTENIDO

1.1. Aproximación a una cultura

1.2 El inconsciente o subconsciente cultural

1.3. Los inefables

1.4. Los inefables bíblicos comunes a nuestras culturas

1.5. De los descensos

1.6. Del epos al ethos

1.7. Culto, cultivo y cultura

1.8 El epos y el ethos de las Alianzas

1.9 No engañarse con las semejanzas

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1.1. APROXIMACIÓN A UNA CULTURA

Podemos aproximarnos a una cultura de varias maneras. Una manera posible es el método descriptivo. Describir las características de esa cultura, su manera de encarar los aspectos de la vida humana, desde la cuna a la sepultura. Las instituciones religiosas, sociales y políticas y su forma propia de vivirlas. Es, por ejemplo, lo que hace el Padre De Vaux con sus Instituciones del Antiguo Testamento, y lo que hacen las teologías bíblicas.

La limitación de un enfoque puramente descriptivo consiste en que deja en la sombra la propia pertenencia cultural del que hace la descripción. Eso crea una cierta ilusión de objetividad, porque no se tienen en cuenta los condicionamientos que crea la pertenencia cultural para la descripción objetiva de otra cultura (¡y aún de la propia!)

Otra manera posible de aproximarse a una cultura, sería una aproximación comparativa con otras culturas. El método comparativo, es también un método descriptivo. Pero es una descripción no ya en el plano unidimensional de la cultura tomada en sí misma, sino una descripción a la que la comparación con otras le agrega volumen, perspectiva, escorzo.

La comparación de culturas, es un primer paso en la toma de conciencia de un hecho implícito en toda descripción de una cultura como objeto: la cultura del sujeto que describe otra cultura. Es necesario lograr por lo menos cierta conciencia refleja de lo que está implícito en toda descripción de una cultura desde otra cultura: la confrontación cultural. Las humanidad es pluricultural y las culturas están siempre en una relación de confrontación y sincretismo, de crítica y de asimilación.

En la última parte de nuestro estudio, compararemos el parentesco divino en la cultura bíblica y en la griega.

 

1.2 EL INCONSCIENTE O SUBCONSCIENTE CULTURAL

Una de las principales dificultades en la descripción y comparación de las culturas radica, precisamente, en el hecho de que las raíces mismas de toda cultura son de difícil acceso a la conciencia y a la reflexión. Los fundamentos de las culturas son por lo general axiomáticos e implícitos.

Más aún, habitualmente la misma pertenencia cultural es un hecho que permanece inconsciente o subconsciente. La cultura no sólo está constituida por elementos conscientes, sino que está fundada sobre supuestos implícitos y en cierta medida inefables. Nada tan difícilmente expresable como lo que, a fuerza de ser obvio dentro de una cultura, ya no necesita ser dicho. Y sin embargo es precisamente en ese nivel, de tan difícil acceso, donde están los rasgos definitorios de la identidad de una cultura.

 

1.3. LOS INEFABLES

En toda cultura hay términos estructurantes y términos estructurados. Términos que explican la estructura cultural y términos que se explican desde la estructura cultural. Términos rectores, que gobiernan la inteligencia del conjunto, y términos tributarios que se comprenden por derivación, a la luz de aquéllos. A veces los conceptos más fundamentales de una cultura no son ni los más nombrados ni los más aparentes. Como sucede con los cimientos sobre los que reposa un edificio, los supuestos sobre los que reposa una cultura son sobreentendidos y por eso habitualmente tácitos. Las culturas reposan sobre el cimiento de lo indiscutido, de lo indiscutible.

Los llamados "tabúes" -que tienen tan mala prensa en la vertiente racional y cientificista de nuestro reciente pasado cultural-, pertenecen sin embargo necesaria e inevitablemente al cimiento de toda cultura. También la vertiente racionalista o positivista, tiene sus principios indiscutibles, intocables y por lo tanto de alguna manera sacros. Son precisamente aquellas realidades, aquellas convicciones, aquellos supuestos que no se pueden tocar sin que todo el edificio de una cultura se tambalee. Por eso una cultura sólo puede permitirse criticar los tabúes de las demás culturas, pero lo hace desde la firmeza que le da el estar firmemente asentada sobre los suyos propios, desde los cuales censura los tabúes ajenos.

El tabú es nefando y es inefable; sin que sea fácil discernir qué es lo primero: si su carácter de nefando o su carácter de inefable.

Los presupuestos definitorios de una cultura no deben ser expresados porque no pueden ser tocados. No se los debe expresar, no se considera conveniente hablar sobre ellos, porque no se los puede 'hacer objeto' de conversación sin ponerlos de alguna manera en situación de ser discutidos o vistos desde fuera, lo cual equivale a tomar una posición de alguna manera extrínseca y objetal respecto de ellos.

 

1.4. LOS INEFABLES BÍBLICOS COMUNES A NUESTRAS CULTURAS

De ahí la dificultad de exponer y describir una cultura, que, como la bíblica, funda, en gran medida, a la cultura occidental. Aún después de que ésta ha tomado distancia de los aspectos explícitamente religiosos de sus raíces bíblicas, no le ha sido siempre posible tomar distancia de sus raíces más ocultas.

La crítica a las religiones, - por ejemplo - tan característica de la cultura occidental, implica, quizás, en el fondo, una actitud religiosa, no tan distante de lo que dentro del mundo bíblico fueron las críticas de los profetas, no sólo al sincretismo cultual, sino también incluso al culto ortodoxo del templo de Jerusalén. Diríamos que la crítica a la religión proviene, en nuestra cultura, de la cultura bíblica. Occidente se la debe a esta raíz de su cultura; la hereda del mundo bíblico, aunque luego la desarrolle por sus propios caminos, incluso en contra de elementos de la tradición cultural bíblica.

Nuestro estudio explora el parentesco divino, uno de los supuestos fundantes del mundo judeo-cristiano, que, junto con el mundo latino y el mundo griego, son las tres grandes corrientes culturales en las que abrevó la cultura occidental.

 

1.5. DE LOS DESCENSOS

Lo que vengo diciendo, sobre las huellas de pensadores, filósofos e historiadores de la religión y de las religiones comparadas, se expresaba ya en la antigüedad con el patrón mítico de los descensos. Para ocuparnos de los elementos fundantes de una cultura, de aquéllos que la hacen comprensible y de alguna manera revivible por el observador, hay que descender, hay que internarse en napas profundas que, por eso mismo, no son las que se explicitan ni con más frecuencia ni con más profusión. Suelen estar rodeadas de discreto y aún de sagrado silencio.

No hay que extrañarse, por lo tanto, de que, dentro de la cultura bíblica, el tema del Dios Pariente se haya explicitado tardíamente y más bien a consecuencia de la crisis cultural preexílica y exílica. Ni tampoco ha de extrañar que, debido al mismo hecho, este tema sea por lo general sobrevolado o apenas reconocido por las teologías bíblicas actuales.

Para tratar de este tema, que sin embargo nos parece el corazón de la cultura bíblica, tendremos que iniciar algo así como un descenso. Con el arquetipo de los descensos, las culturas antiguas, expresaron la inefabilidad y la condición nefanda de sus presupuestos culturales más constitutivos e identificatorios, y, por otro lado, el deseo de ir a su encuentro y comprenderlos, sobre todo en los momentos de crisis.

La literatura del descenso, se vuelca en el molde de la epopeya, y desde el viaje de la diosa Inana a los Infiernos, pasando por la Odisea, la Eneida y la Divina Comedia, y entre nosotros por el Tabaré, está vinculada a los orígenes de la ciudad, a la figura arquetípica de sus fundadores.

Para encontrarse con las raíces pasadas de lo presente es necesario ir al encuentro de los que fueron. Como lo dice Zorrilla de San Martín al comienzo del Tabaré: "levantaré la losa de una tumba y adentrándome en ella, alumbraré la soledad inmensa".

No hay pleno encuentro con el presente si no es por el largo camino de su historia. No hay comprensión del destino de los que viven sin un encuentro iniciático con los que fueron. Lo que hemos intentado decir en términos actuales, lo decía ya, a su manera, el pensamiento mítico y poético.

En otro lugar hemos puesto como ejemplo de descenso, el poema Tabaré, de Juan Zorrilla de San Martín. Y hemos hecho notar allí que esa epopeya latinoamericana conduce, "por vías oníricas, hasta el conflicto de razas fundante de las actuales naciones iberoamericanas. Conduce hasta los, a veces aún no digeridos pecados, agravios y rencores; que pueden sorprendernos con inesperadas y tan violentas como inexplicables erupciones. De esos pecados, que frustraron hermosas posibilidades humanas, nacerían las violencias y sufrimientos de inocentes que, para muchos observadores, son el baldón de estos pueblos.

[Véase nuestro Estudio Preliminar a la obra del P. Alfredo Sáenz S.J., Las Parábolas Evangélicas según los Santos Padres, T.2: Las Parábolas de la Misericordia con el Prójimo Ed. Gladius, Bs. As. 1995, pp. 13-38.]

El Tabaré, en su epicidad apenas disimulable bajo el atuendo de sus galas románticas, tiene algo de afloración onírica del inconsciente del blanco hispanoamericano, o más específicamente del alma bíblica de la cultura criollo-católica. En el Tabaré, Zorrilla dice lo mismo que dirá años después en El Sermón de la Paz. Ambas son meditaciones culturales, cada una en su género: la una épica, la otra en el género del ensayo.

En lo más profundo del Tabaré, el conflicto épico se entabla entre la fuerza del bautismo y la del pecado. Las consecuencias son históricas. La imposibilidad de comunicarse en paz que experimentan los hombres, frustra las reales posibilidades humanas. Esta dimensión profunda del poema, se hace perceptible sólo a partir del conocimiento de la cultura bíblica, a la que Zorrilla está vinculado. Diríamos que El Sermón de la Paz, ha de ser una de las claves de lectura del Tabaré".

 

 1.6. DEL EPOS AL ETHOS

Me he permitido esta disgresión a fin de exponer mejor mi convicción, formada en la lectura de las obras de Mircea Eliade, de que toda épica es, en el fondo, fundamento de una ética. En todos los pueblos y culturas el epos funda el ethos. La narración del pasado, ya sea mítico ya sea histórico pero miticizado, - como evocación de los orígenes, como rememoración de las gestas divinas o heroicas que es -, tiene una función de hermenéutica existencial, es decir cultural y pretende arrojar luz y decir algo significativo para el presente.

El conocimiento de lo que fue, funda la normativa de lo que ha de ser, y de lo que se debe hacer. La narración épica apunta y termina en la práctica, en la moral, en las costumbres, es decir en la ética. Toda cultura conoce o genera un relato, o varios relatos, y una serie de imperativos y modos de actuar que son su co-rrelato.

La impregnación religiosa de toda la cultura, - como ha venido a afirmar la ciencia comparativa de las religiones - no es, pues, algo exclusivo de la cultura bíblica, ni siquiera de las grandes culturas del mundo antiguo o de los pueblo primitivos, sino un patrimonio común de toda cultura humana. Como ha dicho Mircea Eliade: "'Lo sagrado', es un elemento de la estructura de la conciencia, y no, - como pretendía Comte y las tendencias evolucionistas de las ciencias de las religiones - un estadio de la historia de la conciencia. "En los niveles más arcaicos de la cultura, todo el vivir del ser humano es ya de por sí un acto religioso, pues tomar el alimento, ejercer la sexualidad y trabajar son actos que poseen un valor sacramental. Dicho de otro modo: ser -o más bien hacerse hombre -significa ser religioso"

[Véase: Mircea Eliade, Historia de las Creencias y de las Ideas Religiosas, Ed. Cristiandad, Madrid 1978, T.I, p. 15. (Ed. orig.: Histoire des Croyances et des Idées Religieuses, Ed. Payot, Paris 1976)]

Al reactualizar la historia sagrada mediante la recitación de los relatos míticos o mediante la celebración festiva de ritos, al imitar el comportamiento divino, el hombre se instala y se mantiene junto a los dioses, es decir, en lo real y significativo

[Véase: Mircea Eliade, Lo Sagrado y lo Profano, Ed. Guadarrama, Madrid 1967 p.196 (Ed. orig. Das Heilige und das Profane, Rohwolt Taschenbuchverlag, Hamburg 1957)]

 

1.7. CULTO, CULTIVO Y CULTURA

Es significativo que la misma palabra cultura esté vinculada en su origen a la palabra culto, y ambas a la palabra cultivo. Podríamos decir que la cultura es la manera como un determinado grupo humano vive la relación entre el culto religioso y el cultivo de la tierra, o sea el trabajo. Dicho en otras palabras, la cultura es la forma en que se espejan recíprocamente la acción de los hombres y la acción de Dios o de los dioses.

La misma relación entre la terna de raíz latina: culto-cultivo-cultura, existe en hebreo entre los derivados de una misma raíz cabád: cabodáh, designa tanto el culto del templo, como el trabajo y las tareas agrícolas.

Las religiones bíblicas, el judaísmo y el cristianismo, no son excepción. Antes por el contrario, son ejemplo de la impregnación religiosa de toda la cultura, y de lo que venimos diciendo acerca de la relación existente entre teogonía o teología y ethos o ética.

Toda la Sagrada Escritura, Antiguo y Nuevo Testamento, puede considerarse como el gran relato épico, que funda y da su identidad a Israel y a la Iglesia, y del que deriva la conducta, mejor dicho, la cultura, el modo de vivir del creyente, ya sea judío, ya cristiano. Lo que une a las diversas ramas o variantes culturales a que da origen la cultura bíblica, es más que lo que las separa

[Nota: Cuando decimos religión queremos referirnos a las religiones bíblicas, que son como es sabido varias: Judaísmo, con sus numerosas variantes, samaritana, esenia, farisea, saducea, etc.; Cristianismo, con sus no menor cantidad de iglesias y variantes. Las englobamos, porque no necesitamos ni queremos pronunciarnos sobre cada una de ellas en particular. El Dios Pariente es parte del patrimonio de la religión judía que Cristo y el cristianismo preservaron. Y en este sentido podemos hablar del Dios Pariente en la Religión Bíblica.]

 

1.8 EL EPOS Y EL ETHOS DE LAS ALIANZAS

En las religiones de origen bíblico, - como en todas las religiones - la conducta de Dios es el modelo ejemplar, el arquetipo divino, el fundamento de la conducta de la colectividad creyente. Y esa conducta, modo de vivir o cultura, se pone de manifiesto, se revela y juntamente se propone y se prescribe a la imitación: en las así llamadas Alianzas, testamentos o dispensaciones. Puede decirse que las Alianzas son el argumento central del epos bíblico.

Los grandes héroes bíblicos son los hombres de las Alianzas: Adán, Noé, Abraham, sus descendientes los Patriarcas Isaac, Jacob, José; Moisés, David, Jesús, los Apóstoles. De esas Alianzas nacen los pueblos bíblicos: Israel y la Iglesia. La epopeya bíblica narra los dramas y peripecias de las infidelidades humanas y las fidelidades divinas a dichas Alianzas. Esas Alianzas son el acto en que se anudan el obrar divino con el obrar humano. Es en ese contexto donde la cultura bíblica se coloca a sí misma para entenderse y darse a entender a las demás culturas. Es en el contexto de las Alianzas donde el actuar divino se exhibe como modelo motivador y posibilitante de un determinado modo de obrar humano.

 

1.9 NO ENGAÑARSE CON LAS SEMEJANZAS

La Ciencia de historia de las religiones, nos pone, sin embargo, en guardia contra las comparaciones precipitadas y las conclusiones falsas que se sacan a veces observando las semejanzas parciales y no advirtiendo la idiosincrasia que da una diferencia global. Se comparan los miembros perdiendo de vista el todo.

"Los paralelismos fenomenológicos pueden resultar engañosos. Si se encuentra una expresión, una imagen o una idea en dos lugares diferentes, en dos culturas o religiones, no se sigue de ahí que signifiquen lo mismo en ambas, incluso cuando se pueda demostrar que ha habido una influencia o un préstamo en un sentido o en otro. Cada detalle obtiene su significación a partir de la entera estructura al que ha sido incorporado, y del que forma parte. No se trata de probar que esta o aquella idea israelita se encuentra también en Babilonia [comparando por ejemplo los relatos de Gilgamesh con los del Génesis] o en Egipto, o que se ha tomado en préstamo de allí. La verdadera pregunta es qué significación se le ha dado a ese elemento en su nuevo contexto: ¿qué es lo que la religión de Israel hizo con él?" [Sigmund Mowinckel, The Psalms in Israel's Worship, Ed. B. Blackwell, Oxford 1962, T.I, p.57]

Un ejemplo

Así por ejemplo, se ha observado las semejanzas entre el himno egipcio al Dios-Sol Atón, con el salmo 104 y se ha afirmado una relación directa entre ellos.

[Véase: James B. Pritchard, La Sabiduría del Antiguo Oriente, Ed. Garriga, Barcelona 1966, págs. 268-273 (Ed. orig. The Ancient Near East, Princeton Univ. Press)]

La primera parte del Salmo 18V-19H, la que abarca los vv.1-7, provienen probablemente de un antiguo himno cananeo al sol y fue adaptado a sus fines yahvísticos uniéndolo a un poema didáctico (vv. 8-15) que hacen la alabanza de la Ley, con términos que aluden al sol, iluminador, vivificante y benéfico.

[Véase: Mitchell Dahood, Psalms, The Anchor Bible, Doubleday, Garden City-New York 1966, T.I, pág. 121]

 No es difícil encontrar influencias egipcias en la literatura sapiencial de la tradición bíblica, porque Egipto tuvo gran influencia en la corte "culturista" de Salomón y de los reyes que lo sucedieron. En estos círculos surgió la llamada literatura "sapiencial" bíblica; sobre todo la primitiva gnómica o proverbial, que tiene sus raíces en tradiciones similares egipcias más arcaicas. Más tarde se desarrollará el diálogo y la diatriba, planteando los grandes problemas de la "angustia vital" del hombre, como el sentido de la vida en el libro del Eclesiastés, y la razón del sufrimiento del inocente, en el libro de Job. Tanto en la literatura egipcia como en la mesopotámica encontramos textos similares, si bien con un enfoque religioso totalmente diverso respecto de la perspectiva bíblica".

[Véase: M. García Cordero, Biblia y Legado del Antiguo Oriente. El entorno cultural de la historia de la Salvación. Ed. BAC, Madrid 1977, nuestra cita en pág. 577]