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GOEL: EL DIOS PARIENTE EN LA CULTURA BÍBLICA

Horacio Bojorge S.J. (hbojorge@adinet.com.uy)

2. SEGUNDA PARTE

GO'EL: LA EPIFANÍA TÍPICAMENTE BÍBLICA

Ni su poder, ni su libertad, pueden decirse sus atributos más propios y característicos o fontales. Lo característico del Dios bíblico es ser un Dios de Alianza, o sea un Dios que se vincula por amistades y compromisos con hombres y se comporta como El Dios Pariente, o el Dios de los Patriarcas. El ámbito privilegiado de su epifanía bíblica es el de lo interpersonal.

CONTENIDO

2. Go'el: la epifanía típicamente bíblica

2.1. Goel: el Dios Pariente por Alianza

2.3 Epifanía en el ámbito de lo interpersonal 

2.4 La idea central del Antiguo Testamento

Es esta perspectiva específicamente bíblica la que aspiramos que sea el objeto de nuestro estudio de Cultura bíblica. Y a eso apunta el tema que hemos elegido: El Dios Pariente.

2. GO'EL: LA EPIFANÍA TÍPICAMENTE BÍBLICA

Como ha observado Mircea Eliade, el Dios bíblico, llámese 'El-Shaddái o Yahvé, es también un Dios uránico, como lo es el Ba'al cananeo, su principal rival histórico en la diatriba profética. Sus rasgos uránicos: montañeros, solares, de señorío sobre el poder de los elementos, son frecuentemente acentuados en los textos bíblicos, y sin embargo, no son exclusivos, ni los más importantes y decisivos ni los más característicos suyos.

Yahvé manifiesta su poder en la tormenta; el trueno es su voz, y al rayo se le llama "el fuego" o "las flechas" de Yahvé (Sal 18,15). También se refiere al rayo la espada de fuego de los ángeles guardianes de las puertas del paraíso, luego de la caída Gn 3,24. El Señor de Israel, cuando transmite las leyes a Moisés, se anuncia por "el trueno, el rayo y una humareda densa" (Ex 19,16). "La montaña del Sinaí estaba envuelta en humo porque Yahvé había bajado en medio del fuego..." (Ex 19,18). Débora recuerda, llena de temor religioso, cómo "tembló la tierra, se agitaron los cielos y se fundieron en agua las nubes" al paso del Señor (Jue 5,4). Yahvé advierte su llegada a Elías por una "gran tempestad que rompía los montes y hendía las rocas: el Señor no estaba en la tempestad. Después de la tempestad hubo un terremoto: el Señor no estaba en aquel terremoto. Y después del terremoto, un fuego: el Señor tampoco estaba en aquel fuego, y tras el fuego, un murmullo dulce y leve" (1Re 19,11s). Cuando Elías suplica al Señor que se muestre y que confunda a los sacerdotes de Ba'al, el fuego del Señor cae sobre los holocaustos del profeta (1Re 18,38). La zarza ardiendo del episodio de Moisés (Ex 3), la columna de fuego y las nubes que conducían a los israelitas en el desierto son epifanías yahvistas. Y la alianza de Yahvé con la descendencia de Noé, que se salvó del diluvio, se manifiesta por un arco iris: "He puesto mi arco iris en la nube y él servirá de señal de alianza entre yo y la tierra" (Gn 9,13).

Igualmente pertenecen a la simbología uránica las nubes que manifiestan y ocultan la presencia divina en el desierto y en el Templo. La Shekhináh del Santuario y las nubes sobre las que viene caminando el misterioso Hijo del Hombre de la visión de Daniel 7.

Esas hierofanías celestes y atmosféricas manifiestan ante todo el "poder" de Yahvé, cosa que no ocurre en las demás divinidades de la tormenta: "Dios es grande por su poder. ¿Quién podrá enseñar como él?" (Job 36,22). "Empuña el relámpago con la mano...se anuncia por el estrépito de un true no...(ante este espectáculo) mi corazón tiembla, salta fuera de su sitio. ¡Oíd! ¡Oíd el retumbar de su voz, el trueno que sale de su boca! Lo hace rodar por toda la extensión de su cielo, y su rayo brilla hasta los confines de la tierra. No retiene al relámpago en cuanto suena su voz. Dios truena con su voz de manera maravillosa..." (Job 36,32-33); 37,1-4). El Señor es el único y verdadero dueño del cosmos. Puede hacerlo todo, aniquilarlo todo. Su "poder" es absoluto; por eso tampoco su libertad conoce límites. Soberano indiscutido, mide su misericordia o su cólera a su antojo, y esa libertad absoluta del Señor es la revelación más contundente de su trascendencia y de su absoluta autonomía; porque "nada ata" al Señor, nada le obliga, ni siquiera las buenas obras y el respeto de sus leyes.

De esta intuición del "poder" de Dios como única realidad absoluta, - observa Mircea Eliade - parten todas las místicas y todas las especulaciones ulteriores en torno a la libertad del hombre y a las posibilidades de su salvación por el respeto de las leyes y por una moral rigurosa. Nadie es "×inocente" ante Dios. Yahvé ha concertado una "alianza" con su pueblo, pero su soberanía le permite anularla en cualquier momento. Si no lo hace, no es en virtud de la fuerza vinculante de la "alianza" (nada puede "ligar" a Dios, ni siquiera sus propias promesas), sino por su bondad infinita [es decir por su fidelidad a sí mismo, que en otras palabras es su justicia y brilla en su misericordia: jésed].

Yahvé aparece en toda la historia religiosa de Israel como Dios del cielo y de la tormenta, creador y todopoderoso, soberano absoluto y "Señor de los Ejércitos", apoyo de los reyes del linaje de David, autor de todas las normas y de todas las leyes que permiten que la vida continúe sobre la tierra. La "ley", cualquiera sea su forma, encuentra su fundamento y su justificación en la revelación de Yahvé. Pero a diferencia de los demás Dioses supremos,que no pueden actuar en contra de las leyes (Zeus que no puede librar a Sarpedón de la muerte Ilíada, XVI,477ss), Yahvé conserva su libertad absoluta"

[Hasta resumimos el pensamiento de Mircea Eliade, Tratado de Historia de las Religiones (Traité d'Histoire des Religions - Payot, Paris 1964), T.I. págs. 123-124; citamos por la Trad. cast.: Cristiandad, Madrid 1974]

Y sin embargo, - nos toca ahora agregar a nosotros - ni su poder, ni su libertad, pueden decirse sus atributos característicos o fontales. Lo característico del Dios bíblico es ser un Dios de Alianza, o sea un Dios que se vincula por amistades y compromisos con hombres y se comporta como El Dios Pariente, o el Dios de los Patriarcas. El ámbito privilegiado de su epifanía es el de lo interpersonal.

 

2.1. GOEL: EL DIOS PARIENTE POR ALIANZA

La teología de la Alianza, es lo que la cultura bíblica tiene de afable, en el sentido opuesto a lo inefable. La Alianza define y explica muy bien el núcleo característico y caracterizante, individual e individuante de esa cultura frente a otras. Pero creemos que no es todavía lo más profundo, no es aquéllo con cuya señalación y tratamiento debíamos iniciar nuestro estudio del rasgo fontal de la cultura bíblica, o del "centro del Antiguo Testamento".

Decíamos que la conducta del Dios de la Alianza es el fundamento, el modelo ejemplar y el precedente posibilitante a la vez, de la moral y de la cultura de la Alianza. Pues bien, esa conducta divina se define por dos términos que son casi atributos divinos. Jen gracia y Jésed misericordia. Por gracia y misericordia Dios elige. Ellas son también las dos virtudes del antes y después de la Alianza, las virtudes del Dios de la Alianza. Jen y jésed, la gracia y la misericordia divina expresan la Alianza. La Alianza debe perdurar y perpetuarse, expandirse y universalizarse por ejercicio de gracia y misericordia, primero dentro del pueblo mismo de la Alianza y después a nivel de toda la Humanidad.

Pero he aquí que la gracia y la misericordia, jen y jésed, son, en el ámbito de la cultura bíblica que los acuña, términos que pertenecen a la vez al ámbito de las relaciones religiosas (es decir divino-humanas) y al ámbito de las relaciones familiares y sociales (es decir inter-humanas). Ya veremos lo que esto significa.

Pertenece al corazón oculto e inefable (difícilmente expresable y por eso raramente mencionado) de la cultura bíblica, el hecho de que las relaciones entre los hombres y las relaciones entre Dios y los hombres se conciben como análogas y se expresan mediante categorías comunes como los términos jen y jésed.

Este hecho cultural nos sugiere que la cultura bíblica ha visto en ciertas relaciones interhumanas, y particularmente en las relaciones familiares de parentesco una epifanía divina. Pero sobre todo que ha experimentado la epifanía divina como una comunicación interpersonal, como una vinculación de parentesco.

 

2.3 EPIFANÍA EN EL ÁMBITO DE LO INTERPERSONAL

Nos ha enseñado Mircea Eliade que no hay dimensión de la naturaleza o del cosmos que no haya sido o no pueda ser considerada como una epifanía, como una manifestación de la divinidad, de su dynamis o de su gloria. La piedra, la fuente, el bosque, la montaña, el mar, los cielos, el sol, la luna, los astros, la naturaleza entera o sus partes, sus ciclos y sus cataclismos. Pero no sólo el orden cósmico, también el orden político se ha prestado a lo largo de la historia de las religiones a funcionar como epifanía de lo divino. El Rey, el Emperador y los Dioses monarcas ya sea del Olimpo ya sea de los Infiernos. También el orden moral, de las fuerzas del alma, ha dado lugar a la divinización de las virtudes, o a la consideración de que en ciertas virtudes o actitudes humanas hay un destello sobrehumano y divino.

Pues bien, tanto la Alianza (en hebreo Berít) como sus virtudes características: La gracia y la misericordia apuntan nuestra atención en la dirección de las relaciones de parentesco como analogado de un parentesco divino con el hombre: el Dios Pariente.

 

2.4 LA IDEA CENTRAL DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Un tema que se ha agitado en los estuDios bíblicos es el de la idea central o unificante del Antiguo Testamento, o el del centro estructurante de las instituciones del Antiguo Testamento. Se ha propuesto, por ejemplo, que la idea y la institución de la Alianza sería esa idea y ese hecho central, que explicaría todos los demás. Y puede decirse que esta propuesta goza de amplia, si no general, aceptación.

El término go'el, que he elegido para presentar en este estudio es un término perteneciente al vocabulario familiar, aparentemente secundario, pero que, como se verá, ocupa un lugar clave en la Gestalt o Weltanschauung cultural bíblica, y que por lo tanto es -diríamos- de valor estratégico para su comprensión. Puede disputarle, con ventaja, a la Alianza, tanto la centralidad como la prioridad, a pesar de lo cual, por otra parte, no se le ha dado el relieve que merece.