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GOEL: EL DIOS PARIENTE EN LA CULTURA BÍBLICA

GOEL: EL DIOS PARIENTE EN LA CULTURA BÍBLICA

Horacio Bojorge S.J. (hbojorge@adinet.com.uy)

CUARTA PARTE

EL DIOS DEL PADRE, UN DIOS PARIENTE

CONTENIDO

4.1 El Dios del Padre en los relatos patriarcales

4.2 Rasgos del Dios pariente

4.3 El Dios-Go'el en otros pasajes de la Sagrada Escritura

4.4 El atributo principal: el parentesco

4.5 El tutelador de los vínculos: la santidad familiar

4.6 El tabú familiar

4.7 Jen, Jésed y Berit = Gracia, misericordia, Alianza

4.8 Eclesiogénesis: la expansión de un "Nosotros"

 

4.1 EL DIOS DEL PADRE EN LOS RELATOS PATRIARCALES

"Una característica esencial de la religión patriarcal es el culto al "Dios del padre", el cual es invocado y mencionado o se manifiesta como "el Dios de mi/tu/su padre" (Gn 31,5.29 [corr. según el griego]) y también 43,23; 46,3; 50,17; Ex 3,6; 15,2; 18,4. De Vaux; O.c. T.I, p.268).

"El "Dios del padre" es, primitivamente, el Dios del antepasado inmediato, al que reconoce el hijo por Dios suyo. Pero como ese culto se trasmite de padres a hijos, ese Dios se convierte en el Dios de la familia, y el "padre" puede ser un antepasado más alejado: aquél del que desciende todo el clan. Jacob invoca "al Dios de mi padre Abraham y al Dios de mi padre Isaac" (Gn 32,10; cf. 28,13). Labán propone a Jacob poner el tratado que van a firmar bajo la protección del Dios de Abraham, el abuelo de Jacob y del Dios de Najor, el padre de Labán; pero Jacob jura por el pariente de Isaac, su padre (Gn 31,53)"

[Véase: De Vaux; O.c. T.I, p. 269. El pariente de Isaac o el terror de Isaac, aquí De Vaux sigue a Albright, optando por la traducción de pariente para el término pájad Yitsjaq. Dice Albright: "La traducción frecuente del nombre arcaico pájad por "terror" ha levantado muchas objeciones, la traducción más probable sería "pariente, emparentado", como en palmireno posterior...en palmireno, pajdâ significa "familia, clan, tribu" formada por la parentela próxima de un hombre" (ALBRIGHT W.F., De La Edad de Piedra al Cristianismo. El marco histórico y cultural de la Biblia, Ed. Sal Terrae, Santander 1959, 320 pp. (Título Original: From the Stone Age to Christianity, Baltimore 19462). Citamos de la Trad. esp.: p. 197 y nota 71)]

"Esta religión del padre es la forma más antigua que podemos alcanzar, la que los antepasados de Israel trajeron a Canaán. Podemos intentar definir algunos rasgos:

1º) El Dios del padre no está vinculado a un santuario, va ligado a un grupo de hombres.

2º) Se reveló al antepasado y fue reconocido por él.

3º) Y el más importante a nuestros fines: Este vínculo, que se extiende al grupo que procede de ese antepasado, se concibe como un parentesco" .

[Ver: De Vaux; O.c. T.I, p.271-272. De Vaux, siguiendo a Albright y Noth, ve un indicio de esto en la onomástica hebrea: "Ya hemos dicho que éste era probablemente el sentido del pájad (pariente, más bien que terror) de Isaac (Gn 31,42.53). Se puede añadir a esto el testimonio de una clase arcaica de nombres propios que se hacen muy raros después del siglo X a.C. y que están formados por `am (tío o, en general, pariente por parte del padre), 'ab (padre), 'aj (hermano) y que designa la divinidad" p.272].

"En efecto, el Dios del padre es una divinidad nómada: guía, acompaña y defiende en el camino al grupo que le es fiel. Decide sus migraciones y sabe a dónde lo conduce. "Deja tu país...por el país que yo te indicaré" le dice el Dios de Abraham al comienzo mismo de la historia patriarcal (Gn 12,1). El Dios de su padre es quien manda a Jacob regresar a Canaán (Gn 32,10; cf. 31,3). El Dios de Abraham le acompaña de Harán a Canáan (Gn 12,7), y de Canaán a Egipto (Gn 12,17). El criado de Abraham puede invocar, en la alta Mesopotamia, al Dios de su señor (Gn 24,12). El Dios de Jacob le defiende adondequiera que vaya (Gn 28,15.20; 35,3), le protege contra los abusos de Labán (Gn 31,42), le salva del peligro con que le amenaza Esaú (Gn 32,12. El Dios del padre está metido en la pequeña historia del grupo y la dirige" (De Vaux; O.c. T.I, p.272)

El nombre de Dios en la revelación mosaica, cuya traducción clásica es "Yo soy el que soy", parece querer decir más precisamente "Yo soy el que estaré" es decir el que "estaré contigo". El estará con su pueblo con una presencia auxiliadora, como volverá a expresarse en el nombre "Emmanuel", en hebreo cimmanu-'El: Dios está con nosotros. Es decir: luchando en favor nuestro. El nombre revelado a Moisés, que la posterior tradición judía convierte en el Shem hammeporash es decir el nombre que no ha de ser pronunciado, es pues un nombre signo y un nombre promesa de asistencia. Es por lo tanto, un nombre de guerra.

"El patriarcal Dios del padre, que se reveló al antepasado y permanece "con él", se compromete con sus fieles mediante promesas. El tema de la promesa se repite con frecuencia en los relatos del Génesis. Se presenta bajo formas diversas: promesa de una posteridad o de una tierra, o de ambas cosas a la vez."..."Estas dos promesas responden a las aspiraciones primordiales de grupos de pastores seminómadas: la descendencia que asegure la continuidad del clan y la tierra en la que esperan asentarse" (De Vaux; O.c. T.I, p.272) y les asegurará el sustento.

Hemos venido citando largamente a De Vaux, porque este autor nos hace el servicio de sintetizar críticamente un largo proceso por el que las investigaciones arqueológicas e históricas han ido aquilatando y acrisolando lo que se puede afirmar con cierto grado de certeza sobre la religión de los patriarcas. Ese proceso no está cerrado. Pero lo que nos importa aquí es que no se impugna actualmente que el Dios del padre sea a la vez el Dios-pariente del clan.

En esto De Vaux sigue las huellas, entre otros, del arqueólogo norteamericano W.F. Albright, quien afirmaba que: "los hebreos, lo mismo que sus antepasados nómadas, poseían un sentido agudo para las relaciones de parentela entre un grupo patriarcal (clan o familia), y su Dios, que era de hecho un miembro del clan y podía ser invocado por un pariente mortal como "padre, hermano", o "pariente". En consecuencia, todos los miembros del clan eran hijos, hermanos o parientes del Dios, que era el cabeza de familia".

[Nota: ALBRIGHT W.F., De La Edad de Piedra al Cristianismo. El marco histórico y cultural de la Biblia, Ed. Sal Terrae, Santander 1959, 320 pp. (Título Original: From the Stone Age to Christianity, Baltimore 19462). Citamos de la Trad. esp.: p. 195.

Albright nota en relación con esto: "La onomástica hebrea primitiva consta en gran parte de nombres abreviados o motes (hypocorística) como Yitsjaq (Isaac), Ya`qob (Jacob), Yôseph (josé), Yehûda (Judá), Gad, Dan, etc. que no tienen aplicación a nuestro propósito. Pero por fortuna, también incluye una serie de nombres que incluyen un apelativo de la divinidad: 'El "Dios"; Tsur "montaña" (arameo tur); Shaddai "(Dios) de la montaña(s)". Hay además nombres que contienen los elementos `amm "parentela, familia pueblo", 'ab "padre", 'aj "hermano". Mucho se ha discutido sobre el significado de la primera palabra, que en árabe significa "tío paterno"; este significado se puede perseguir en árabe meridional hasta el siglo séptimo a.C. Sin embargo, como palabra hebrea, `amm significa siempre "parentela, pueblo, nación", y como los eruditos babilonios del segundo milenio traducían correctamente dicho elemento (en nombres amorritas como Hammurabi, Ammitsaduqa) por "familia", tenemos derecho a aceptar dicho sentido; que es por otra parte el único que encaja en los nombres personales que lo contienen, por ejemplo Rejab`am (Rehoboam), = "ensanchad mi pueblo". Los términos de parentesco que ocurren en este grupo de nombres casi es intercambiable con el nombre 'El "Dios". Por eso los especialistas modernos suponen que se refiere también a la divinidad" (O.c. pp.193-194)

"Entre los amorreos y arameos de fines del segundo milenio y comienzos del primero, las expresiones "perteneciente a la casa" e "hijo de" son equivalentes, como nos enseñan los ejemplos bíblicos y las inscripciones asirias y arameas. El Dios considerado como patrón de una familia o dinastía era llamado "Señor de la Casa" entre los arameos de los siglos IX y VIII, como ha señalado Euler (ZAW 56(1938)272-313). A comienzos del primer milenio los arameos llamaron a sus hijos: "Ben Hadad" (=Hijo de (el Dios) Hadad). etc. tal costumbre se hizo muy popular entre los paganos de Siria y Mesopotamia a comienzos de la era cristiana" (O.c. p.195).]

 

4.2 RASGOS DEL DIOS PARIENTE

Podemos afirmar por lo tanto, apoyándonos en los resultados de serios trabajos arqueológicos e históricos, que son rasgos propios, distintivos de la religión bíblica:

1º) Considerar al Dios del Padre como un Dios-pariente, el primero y máximo Goel de todo el pueblo

2º) Ver una Epifanía de Dios en las relaciones de parentesco y en los términos de Alianza de parentesco. Podríamos decir: sacralizar la esfera familiar. Más aún, la esfera interpersonal.

3º) Considerar que el Dios-Goel asegura con sus Promesas y con su Auxilio, tanto la descendencia como el alimento, primero del clan y más tarde del pueblo entero, convertido en nación.

Esta fe patriarcal perdurará, como veremos a continuación, tanto en la Ley como en los Profetas y Salmos.

 

4.3 EL DIOS-GO'EL EN OTROS PASAJES DE LA SAGRADA ESCRITURA

El goelato de Dios se manifiesta históricamente.Por eso el epos bíblico consiste principalmente en la narración, memoria y encomio de esas obras de goelato. Recordemos rápidamente algunos de esos núcleos narrativos.

En virtud de la promesa de asegurarle una descendencia, Dios aparece como el levir de Abraham, a quien le asegura que no morirá sin hijos y no se extinguirá su nombre.

En virtud de la Promesa de la Tierra, Dios es también el Goel del pueblo descendiente de los Patriarcas. Como Go'el les asegura la propiedad de la Tierra. Dicha Promesa de la Tierra se realiza a través de la gesta de la liberación de Egipto, la travesía del Desierto y la conquista de Canáan.

Dios se muestra también Goel en el hecho de liberar a su pueblo de la esclavitud y la opresión de Egipto. Recuérdese además que esa esclavitud era de tal naturaleza que amenazaba la propia existencia del pueblo de los Patriarcas. Tanto los trabajos agotadores como la reducción de la natalidad, apuntaban a una disolución demográfica. De manera que la liberación de Egipto equivale a la salvación de una extinción inexorable del pueblo elegido.

Dios se mostrará también como el dueño y custodio celoso de toda sangre, y como tal, vengador de toda sangre.

Si se quiere ver un retrato del Dios-pariente misericorDioso véase la lista de obras de misericordia que le atribuye el salmo 106. Allí Dios se manifiesta como el redentor (v.2); el que auxilia a los peregrinos y los guía (vv.4-5); libera a los cautivos (v.10s); visita a los enfermos (v.17s); asiste a los navegantes (v.23s); sana, fecunda y riega las tierras para dar de beber al sediento y dar de comer a los hambrientos (v.33ss) .

Obsérvese que en la reflexión teológica posterior, hasta el clima de la Tierra Prometida, cuya fertilidad depende del régimen de rocíos y lluvias, es decir directamente del cielo, se contrapone a la fertilidad de Egipto, dependiente del riego, y por lo tanto, no de la gracia, o gratuito don de lo alto, sino del trabajo y del esfuerzo humano.

Este Salmo parece ser el origen de las listas de obras de misericordia que la tradición cristiana hereda de la judía.

No podemos aquí detenernos a señalar sino algunos pasajes bíblicos más importantes para ilustrar algunos aspectos de la fe en el Dios-Go'el. Debemos conformarnos con enumerarlos algunos: Ex 6,6; Salmos (Num. Vulgata). 18,15; 68,14.19; 73,2; 76,10.16; 77,35; 102,4.17; 105,1.10; 106,2; 118,154; Job 19,25.

Según Ex 6,6 lo que motiva a Dios bíblico a salvar a los israelitas, es la memoria de la Alianza con sus Padres y la fidelidad de Dios a dicha Alianza. De parte de Dios ese vínculo existe y es consciente. No así de parte del pueblo. Para ese pueblo, la alianza con los Padres parece ser un asunto histórico y pasado. Por eso, lo que se pondrá en primer plano en los demás textos del Exodo para motivar al pueblo a renovar la Alianza, será la obra redentora de Dios (Ex 15,18: "tu pueblo que tú has redimido"; Sal 76,6: "tú libraste a tu pueblo"; Sal 105,10).

El pueblo, al ser redimido de la esclavitud extranjera, ha sido comprado y se ha convertido ahora en propiedad de Dios. Pero no en propiedad servil, sino en pertenencia por vinculación de Alianza libre. Los demás pasajes de los Salmos son tributarios de esta convicción.

Con este trasfondo se puede comprender el empleo de ga'al en el Deutero Isaías. Este autor interpreta la liberación del cautiverio babilónico como un nuevo éxodo y la designa, en consecuencia como ga'al. Está además presente en ga'al, la idea del restablecimiento de unas relaciones de alianza que habían sido rotas: Isaías 41,14; 43,1.14; 44,6.22-23; 47,4; 48,17.20; 49,26; 51,10; 52,9; 54,5; 60,16

[Véase: RINGGREN Helmer, Art.: Ga'al [redimir], en Dicc. Teológico del A.T. (Ed. G.J. Botterweck - H. Ringgren), Ed. Cristiandad, Madrid 1973, T. I, Cols 902-907; y STAMM J.J., Art.: G'l Redimir, en Dicc. Teológico Manual del A.T. (Eds. E. Jenni - C. Westermann) Ed. Cristiandad, Madrid 1978, T.I Cols. 549-564]

 

4.4 EL ATRIBUTO PRINCIPAL: EL PARENTESCO

Los demás atributos divinos parecerían, como dijimos antes, estar subordinados y ser tributarios de este título de Goel, que expresa la condición de pariente, de Dios, respecto de los Patriarcas y de su descendencia. Si la fe bíblica comparte con otras religiones circunvecinas las epifanías cósmicas, telúricas y políticas de Dios, las comparte a su manera peculiarísima. Al igual que los Dioses cananeos El o Baal, también el Dios bíblico es un Dios que se manifiesta en la montaña, el rayo, la tormenta, el oleaje, y los astros. Israel comparte también, con otros cultos religiosos de los pueblos vecinos, la fe en que Dios se manifiesta en la naturaleza: en el cosmos, en la fertilidad de la tierra, el sol y las lluvias que la fecundan; o, por el contrario en las plagas de langosta, las sequías y las pestes.

Comparte, por fin, la visión del Dios-Rey, que gobierna a su pueblo y a todas las naciones, o sea las epifanías en la esfera política.

Pero, como se ve en el pensamiento religioso de los profetas, la fe de Israel toma distancia de la divinización de las esferas cósmica-telúrica, agrícola-económica y política que implicaban los mitos del Antiguo Oriente. Como nos empeñamos aquí en subrayar, el epicentro de sus epifanías está en el orden familiar, interpersonal.

 

4.5 EL TUTELADOR DE LOS VÍNCULOS: LA SANTIDAD FAMILIAR

El rasgo que nos parece más propio y distintivo del Dios bíblico, es ser el Dios-Pariente, el Dios cercano. Y por eso mismo tutelador, a la vez, de los vínculos familiares.

Un ejemplo. El capítulo 18 del Levítico - que forma parte del así llamado "Código de Santidad" (Lev 17-26) - estipula una pormenorizada normativa tendiente a salvaguardar la identidad de la familia israelita, distinguiéndola de la de egipcios y cananeos. La pertenencia de este pueblo a la Alianza de parentesco con el Dios-Santo, exige de él comportamientos específicos, diferenciantes e identificatorios, en la esfera de la sexualidad. A su vez, la santidad de la familia israelita se pone como condición de posibilidad de permanencia en la Tierra Prometida.

 

4.6 EL TABÚ FAMILIAR

Existe a veces la impresión de que la cultura bíblica ha sido origen de tabúes sexuales. Los autores que incurren precipitadamente en este error por falta de nociones claras, piensan equivocadamente acerca del tabú. Reducen la idea de tabú a la idea de prohibición. Pero ambas nociones no son equivalentes. No toda prohibición tiene la categoría de tabú. El tabú, - como hemos advertido al comienzo de este estudio - pertenece al orden de lo que en nuestra cultura llamamos "principios". Es decir, aquella esfera de presupuestos indiscutidos e indiscutibles, "intangibles" se les llama a veces, que no se pueden tocar sin destruir las bases del acuerdo y la convivencia, y cuya intangibilidad, por lo tanto, todos están interesados en salvaguardar. La prohibición de tocar los principios es sin embargo de un orden totalmente distinto a los preceptos y prohibiciones positivas. Esa prohibición es en sí misma un principio: de ella deriva todo precepto y toda prohibición positiva, destinada a proteger su intangibilidad.

Volviendo al caso bíblico, la Biblia no contiene tabúes sexuales, aunque contenga prohibiciones de ciertas conductas sexuales. Esas prohibiciones no son tabúes, sino barreras protectoras de uno de los verdaderos tabúes bíblicos: la familia. Al revés de lo que algunos afirman, los tabúes bíblicos recaen sobre los vínculos familiares. Son éstos los límites infranqueables que debe respetar la sexualidad. En la visión bíblica los vínculos familiares son realidades sacras e intocables, porque espejan un modelo ejemplar: el Dios-pariente. Pero más todavía, porque son vínculos pertenecientes a una red de relaciones de las que forma parte el Dios-pariente. No se puede hacer impura un Nosotros del que forma parte Dios mismo. Como no se puede tampoco manchar la tierra en que Él habita en medio de su pueblo.

Si el Dios bíblico no es solamente una divinidad cósmica y de la fertilidad, sino también un Dios de la historia, es precisamente porque encuentra su inserción histórica como miembro del clan patriarcal; o, más tarde, como Dios que acompaña a su pueblo y habita en medio de él, ya sea en la tienda-tabernáculo del desierto, ya sea en los santuarios locales, ya sea - después de la unificación del culto - en el templo de Jerusalén: "¿Hay alguna nación tan grande que tenga los Dioses tan cerca como lo está el Señor nuestro Dios siempre que lo invocamos?" interroga Moisés (Deut 4,7). El Nuevo Testamento y la Iglesia Católica continuarán en esta misma dirección de la inhabitación y el parentesco.

Dios es para Israel un Dios próximo (=Yo soy el que estoy contigo: Yahwéh, Immanu-el) porque es su Dios-prójimo. Y le es prójimo con la projimidad de un parentesco. Dios es su Goel, su Dios-Pariente por Alianza.

La Alianza bíblica, cuyos efectos no se ciñen exclusivamente al individuo que la pacta sino que alcanza a su familia y a su pueblo, funda pues, siempre, un nosotros divino-humano, que abarca en un solo nosotros a Dios, al pactante y a su colectividad humana, familiar, tribal, clánica, nacional. La palabra hebrea cam significa todas esas cosas y permite comprenderlas a la luz de la estructura familiar de parentesco. Como quien comprende el todo por la célula.

 

¿RAÍZ TEOLÓGICA DE LO ANTROPOLÓGICO? ¿O VICEVERSA?

El problema de qué es primero, la institución familiar del goelato que inspira una fe en un Dios pariente, o la fe en un Dios pariente que motiva un tipo de conducta e institución familiar, se muestra -a esta luz- como un falso problema. Es un planteo ajeno a la cultura bíblica y que impide reconocer su iDiosincrasia.

Las ciencias de las religiones zanjan la discusión señalando la función normadora del epos en relación al ethos.

En la visión bíblica no es posible separar la esfera familiar-profana y la esfera religiosa. Desde que Dios es miembro del nosotros familiar-tribal-clánico-nacional y más tarde eclesial, esa pertenencia establece una única estructura de relacionamientos según la cual lo que se hace con un miembro del nosotros toca a todos los miembros del nosotros y por lo tanto a su miembro constituyente: el Dios Goel de todos. En el contexto de esta estructura cultural se ha de comprender un texto tan llevado y traído como el juicio de Mateo 25, donde brilla la ley de identificación solidaria del Rey con sus hermanos más pequeños. Como miembros de un solo nosotros, lo hecho a uno se le hace a todos, principalmente a la cabeza del nosotros.

La Alianza religiosa, es a la vez el Contrato-social de los pueblos bíblicos. Dios forma parte del nosotros y así funda, regula y posibilita las relaciones y la convivencia.

 

4.7 JEN, JÉSED Y BERIT = GRACIA, MISERICORDIA, ALIANZA

El epos bíblico narra cómo Dios, por jen, por gracia, y por jésed, amor misericorDioso, se hace pariente de Abraham primero y luego de sus descendientes, mediante las Alianzas; y cómo en virtud de ese parentesco contraído por Alianza, en su calidad de Goel, Dios se obliga a perseverar en las actitudes y conductas de misericordia (jésed) que su goelato exige. Ya se ve cómo este epos bíblico funda y motiva, de manera muy propia y específica del universo cultural bíblico, las conductas o el ethos bíblico.

Detengámonos ahora un momento para observar la concatenación de estas categorías de la cultura bíblica y de sus correlativos signos lingüísticos. Acabamos de hablar de Alianza y de misericordia. Son dos conceptos bíblicos fundamentales. La Alianza, en hebreo, se dice berit. La gracia que lleva a elegir: jen. La misericordia, el amor, la dilección que une a los miembros de la alianza: jésed.

Notemos pues cómo estas tres realidades se conectan y de alguna manera se entienden en el marco de la institución del goelato. El parentesco tiene su origen en la Alianza (berit) y en una actitud del corazón llamada jen, y se prolonga en la actitud de amor fiel benevolente y bienhechor, compasivo y misericorDioso: jésed. De modo que en los pasajes bíblicos donde aparecen subyace también, aunque no se la nombre explícitamente, la realidad del goelato.

Volveremos sobre estos importantes conceptos y sobre su lugar y correlaciones en el cosmos cultural bíblico.

El epos bíblico narra cómo Dios se hace pariente por gracia (jen) mediante la Alianza (berit) y cómo en virtud de esa Alianza, se obliga a perseverar en las actitudes y conductas propias de la misericordia-amor-de-dilección (jésed).

 

4.8 ECLESIOGÉNESIS COMO EXPANSIÓN DE UN "NOSOTROS"

[Nota bibliográfica: Sobre este asunto véanse nuestros trabajos: 1) Koinonía - Comunicación en el Nuevo Testamento1, en: La Iglesia Chica, H. Bojorge, J. Algorta, M. Piaggio, A. Rubio (Cuadernos del ITU 2) Instituto Teológico del Uruguay, Montevideo, 1975; pp. 7-23; reeditado como: Koinonía: Comunicación en el Nuevo Testamento2, en: Revistas Bíblica (Buenos Aires) 37(1975/1) Nº 155, pp.33-47. Y también: Aspectos bíblicos de la Teología del Laicado. El fiel laico en el horizonte de su pertenencia en especial pp. 78-79; 105-111. El Fiel Laico en el Horizonte de su Pertenencia. Aspectos Bíblicos de la Teología del Laicado. en: Stromata 44(1988)423-474; 45(1989)191-233. [republicado como: Aspectos Bíblicos de la Teología del Laicado. El Fiel Laico en el Horizonte de su Pertenencia. en: Laicado: Comunión y Misión, H. Bojorge, J.A. Rovai, N.T. Auza, (Col. Teología) Ed. Paulinas, Bs. As. 1989; (228 págs); pp. 7-111. [Trabajo presentado en la VIII Semana Nacional de Teología, de la Sociedad Argentina de Teología, La Falda, Córdoba 1-4 Ag. 1988]]

Prolongando esta misma fe, en el universo religioso del Nuevo Testamento, se establece un solo Nosotros, del que son miembros tanto las Tres personas de la Trinidad, como luego los Apóstoles y todas las generaciones de creyentes. Este nosotros familiar del cual Dios es el miembro principal y cuyas vinculaciones y relaciones se expresan con el término "koinonía", es un nosotros abierto y convocante, que invita a todos a la incorporación, incluso a los enemigos. De esta manera, la misericordia-jésed, brilla de manera peculiar, como fuerza vinculadora, creadora de un conglomerado de vínculos de parentesco-divino humano, que constituyen una nueva Alianza. Esta nueva Alianza es una comunión fundante de comunidad. A su vez, dentro del nosotros de parentesco divino-humano que la Alianza anuda, funda y establece, circula la misma misericordia que la estableció y se derrama hacia afuera, invitando a la vinculación.. Y de esta manera, el epos bíblico funda el ethos del nosotros - bíblico.

En el Nuevo Testamento la koinonía por la cual el Dios-padre se hace un pueblo o familia de hijos en el Hijo, nos permite presentar la eclesiogénesis como la expansión de un nosotros del cual Dios es el protopariente. El nosotros inicial, divino, se revela en los textos del Nuevo Testamento que contienen comunicaciones entre el Padre y el Hijo como yo-tú o este-y-yo. El protonosotros se revela como trinitario: Padre e Hijo que dan el Espíritu.

Por la incorporación de discípulos que el Padre da al Hijo, el protonosotros se amplía a las dimensiones de nosotros eclesial, de "hermanos de Jesús", de familia-pueblo de Dios. Es el nosotros divino-apostólico prepascual o deuteronosotros. Por la agregación de nuevos discípulos mediante la predicación apostólica, se acrecienta después de Pentecostés hasta nuestros días, el nosotros eclesial divino-humano postpascual o tritonosotros. Este es el 'pueblo de Dios' del que habla la Lumen Gentium. Un pueblo del que Dios es miembro.

Siempre es Dios el que agrega nuevos hombres a este nosotros (Hch 2,41). Dios los introduce a la koinonía con él. Pero es entrando en comunicación, a la vez, con Dios y con el nosotros total - y solamente así - como es históricamente posible entrar en comunión con el Dios real, no imaginado.

Al igual que en el orden antropológico, es imposible establecer un vínculo de alianza de matrimonio entre dos individuos dejando afuera los vínculos familiares de ambos, nadie puede entrar en comunión con el protonosotros salteándose alguna instancia del nosotros total, o menospreciando a alguno de sus integrantes, por pequeño que pueda parecer. Pues quien agravia o menosprecia al pariente, al miembro o a una parte del nosotros solidario, agravia al nosotros en su conjunto y al protopariente divino. Quien no ama a un miembro no ama al todo, y no ama al fundamento del todo. Esa es la lógica inserta en los escritos juaninos.

Es sobre el transfondo de la koinonía (comunión) como estructura de parentesco de un nosotros con Dios, donde cobran pleno relieve las enseñanzas de Jesús sobre la incompatibilidad con otras pertenencias (nadie puede servir a dos señores) y sobre la apostasía como abandono del nosotros pertenencial