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Introducción

Primera

Segunda

Tercera

Cuarta

Quinta

Sexta

Séptima

Octava

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRIMERA BIENAVENTURANZA

Comentario del P. Horacio Bojorge S.J.

"FELICES LOS POBRES DE ESPÍRITU,

PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS"

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CONTENIDO

LA POBREZA DE ESPIRITU Y LA KENOSIS DEL VERBO

1.2 La Pobreza de Espíritu = el desapego del Hijo a su propia gloria

1.3 La Pobreza de espíritu = renuncia al propio derecho por caridad con los demás

1.4 La Promesa: "De ellos es el Reino de los Cielos" = Reino del Padre = Reino del Hijo = Reino de los Hijos

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LA POBREZA DE ESPIRITU Y LA KENOSIS DEL VERBO

San Pablo nos ofrece en el himno de su carta a los Filipenses, la mejor descripción de lo que es la pobreza de la que aquí se trata. Es la pobreza con la que se abraza el Verbo Encarnado al hacerse hombre y a lo largo de toda su vida, pasión y muerte. Por esa pobreza merece ser exaltado y por ella se le entrega lo que esta bienaventuranza promete: El Reino de los cielos.

El Himno señala la pobreza con que se abraza el Hijo eterno de Dios al hacerse hombre, y cómo por eso el Padre le entrega el Reino y el Señorío:

a) A Jesús por haberse hecho el pobre de espíritu...

"Aunque tenía el mismo ser de Dios, no se aferró a su condición de Dios, sino que se anonadó a sí mismo y se hizo siervo.

Y haciéndose semejante a los hombres y pasando por un hombre cualquiera, se hizo pequeño, hecho obediente hasta la muerte, hasta la muerte de cruz.

b) ... Su Padre le entregó el Reino

Por eso Dios lo exaltó y lo agració con el nombre que está sobre todo nombre, para que, ante el nombre de Jesús, toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre". (Filipenses 2,6-11)

1.2 La Pobreza de Espíritu = el desapego del Hijo a su propia gloria

1) El Hijo de Dios, igual al Padre, no se aferra a su condición divina, renuncia a lo que le es debido por su naturaleza divina, pasa por un hombre cualquiera, no reclama ni exige honores que le eran debidos, renuncia a sus derechos, se hace pequeño, humilde. Pero no sólo renuncia a gloria, honores y riquezas, sino que se abraza con una muerte infamante, tras haber padecido calumnias y juicios injustos. Siendo inocente pasa por criminal, permite que sean avasallados sus derechos. Él, como hombre hijo de Dios, no viene a buscar su propia gloria sino la del Padre. Y así como le da gloria con su humillación, se la da con la exaltación con que lo agracia el Padre, haciendo reconocer su señorío y dándole el Reino, una dignidad que es reconocida en los cielos, la tierra y los infiernos. En una palabra: por haberse hecho pobre de espíritu se le entrega el Reino de los Cielos.

2) La pobreza de Espíritu, nos enseña la vida de Jesús, es un desapego de sí mismo y de todas las cosas, no sólo de dinero, sino de fama y gloria. Ese desapego se explica porque el hijo recibe la vida del Padre en cada momento.

3) Jesús fue tan fiel al Padre en la vida oculta en Nazaret como en la Vida Pública. Y no pudieron apartarlo de su Vida de cara al Padre, ni los éxitos y la fama de las muchedumbres, ni la infamia y la injusticia de los hombres y de las autoridades. Por eso, el Padre lo encontró confiable, digno de fe y le confió el Reino, sabiendo que no se lo apropiaría ni usurparía, sino que lo administraría siempre "para gloria de Dios Padre".

4) Esta es la meta de la vida cristiana y ser pobre de espíritu, es reconocerla y tenerla como la meta de la propia vida

1.3 La Pobreza de espíritu = renuncia al propio derecho por caridad con los demás

5) Este principio de la renuncia voluntaria al propio derecho y a la propia gloria por la gloria del Padre y por el bien de los hermanos, es un fundamento de toda la cultura y conducta cristiana.

6) Gobernará, por ejemplo, la conducta de Pablo cuando renuncia voluntariamente al derecho que tienen los apóstoles de ser alimentados por la comunidad: "Nadie me privará de mi gloria (...) ¿Cuál es mi recompensa? Predicar el evangelio entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio" (1 Corintios 9, 15.18 Ver también en este mismo capítulo los versículos 4 al 6, 12. 15). Como Jesús, Pablo reconoce que "siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos" (9, 19 comparar con Filipenses 2,7: "tomó condición de esclavo")

7) Gobernará también la solución de problemas comunitarios, como el escándalo que produce que los cristianos acudan con sus litigios ante tribunales paganos: "¿Por qué no prefieren más bien soportar la injusticia? ¿por qué no se dejan más bien despojar? (aposteréisthe)" (1 Corinitios 6,7).

8) O que coman carne inmolada a los ídolos escandalizando a los débiles: "si por un alimento tu hermano se entristece (lupeitai), tú no procedes ya según la caridad. ¡que por tu comida no destruyas a aquél por quien murió Cristo" (Romanos 14,15).

1.4 La Promesa: "De ellos es el Reino de los Cielos"

9) ¿Qué quiere decir el Reino de los cielos? Quiere decir: el Reino del Padre de los Cielos.

"En los cielos, de los cielos, celestial", son calificativos que se aplican al Padre es pues el Reino: "de mi Padre que está en los cielos"; o "de vuestro Padre que está en los cielos", o del "Padre nuestro que estás en los cielos". Es el Reino que el Padre entregó a su Hijo Jesús, como leímos en el himno de Filipenses 2. Es casi como un nombre de Dios, como un nombre del Padre. Por eso se usa como sinónimo de la nueva justicia (dikaiosyne) filial que supera la de los escribas y fariseos. Veamos un par de ejemplos donde la expresión se aplica al Padre de Jesús o de los hijos: "os aseguro que ya no beberé del fruto de la vid hasta el día aquél en que lo beba con vosotros en el Reino de mi Padre" (Mt 26,29). "Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre". Estos textos apuntan a la consumación de la comunión filial con el Padre en la vida eterna. Aquí el Reno de los cielos cobra su sentido pleno como comunión eterna de vida

10) Así exaltará el Padre a todo el que no busque la propia gloria sino la gloria del Padre, que no viva para sí mismo sino para el Padre: "Porque ninguno de vosotros vive para sí mismo (...) para el Señor vivimos" (Romanos 14, 7). A todo el que reconoce y acata el señorío y la realeza del Padre con corazón de hijo, le pertenece el Reino del Padre, como a príncipe.

11) Ser hijo significa que no nos damos el ser a nosotros mismos, sino que lo recibimos del Padre, siempre y en cada momento. Por lo tanto, el que tiene corazón de hijo se reconoce como un ser recibido de Otro. Ser hijo es recibir el ser, recibirlo alegremente, recibirlo con gratitud confiada y alegre. Tener corazón de hijo nos dispensa de todo esfuerzo por construirnos nuestro propio destino. Vida, destino, historia, todo lo pedimos y recibimos del Padre. Cada día. Los hijos estamos dispensados de hacernos proyectos propios, porque confiamos en que el del Padre es mejor.

12) Los que no vivieron en esta vida para sí sino para la gloria del Padre, recibirán eternamente la vida del Padre. La vida eterna es como una regeneración eterna en la que eternamente se está recibiendo la vida del Padre en un acto recíproco de amor y de reconocimiento y alabanza.

13) A quien muestre esa fidelidad en lo poco, lo harán Señor de lo mucho. El que reciba humilde y alegremente lo poquito, como buen pobre, se le dará lo mucho: El Reino. "¡Bien, siervo bueno y fiel! Porque has sido fiel en lo poco, te pondré al frente de lo mucho, entra en el gozo de tu Señor" (Mateo 25, 21.23).

La pobreza de espíritu tiene que ver con este recibirse gozosamente a sí mismo del Padre, con el reconocimiento de no pertenecerse: "¿No sabéis que no os pertenecéis?" (1 Cor 6,19).

14) Pobreza de espíritu de hijo es no vivir para sí mismo sino para el Padre. Aunque a uno puedan pertenecerle todas las cosas, uno mismo no se pertenece, sino que le pertenece a Cristo, por haber sido comprado al precio de su Sangre, y Cristo pertenece al Padre: "Todo es vuestro (...) vosotros de Cristo y Cristo de Dios" (1 Corintios 3, 21-23)

15) Los que vivan como hijos, reinarán con el Hijo: "los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia (filial), reinarán en la vida por uno solo, por Jesucristo" (Romanos 5,17).